Yo, Koeman / por Juan Manuel Rodríguez

 Ronald Koeman, exentrenador del Barcelona. | Cordon Press
Koeman le ha pedido a Laporta que apoye a Xavi y que le defienda delante de todo el mundo, que es precisamente lo contrario de lo que hizo con él; le ha recordado que al actual técnico le han fichado a tres delanteros y que eso ha supuesto que ahora el equipo esté a 16 puntos del liderato mientras que él lo dejó a la mitad; y, por último, ha reivindicado la figura del maltratado Luuk De Jong,
Yo, Koeman
Madrid/28 Abril 2022
Joan Laporta fue elegido presidente del Barcelona en segundas nupcias allá por el 7 de marzo del año pasado, han transcurrido por lo tanto desde entonces bastantes más de esos cien días de rigor durante los que se aconseja que, por pura conmiseración hacia el nuevo inquilino del puesto del que se trate, se mantenga oportunamente envainada la espada y, sin embargo, como la crítica brilla por su ausencia en Barcelona, diera la impresión de que nuestro buen amigo Jan estuviera siempre instalado en ese lejano día del mes de marzo de 2021 en el que literalmente arrasó en las elecciones después de prometer que con él sí seguiría Messi en el equipo. Pero en ese año y pico transcurrido Laporta ha hecho muchas cosas y casi todas las ha hecho rematadamente mal, no siendo, en mi opinión, la menos relevante de ellas el haber convertido al Fútbol Club Barcelona en una especie de oficina de colocación familiar.
Así, a vuelapluma, después de coquetear con una continuidad, la de Messi, que sabía que era poco razonable desde el punto de vista estrictamente financiero y por lo tanto imposible desde el punto de vista deportivo, Laporta ha mentido con Haaland, de quien sugirió que sería posible su fichaje, ha cesado o le han dimitido aquellos que podrían ejercer de cortafuegos dentro del club, no ha sido en absoluto transparente sino más bien todo lo contrario con el asunto de Spotify, se la ha tenido que comer con patatas con Dembélé después de someter al jugador a un chantaje deportivo en toda regla y ha debido envainársela con Xavi, a quien rogó que volviera desde el potentísimo Al-Sadd cuando había renegado de él tanto en público como en privado. Vamos, un desastre de gestión que ha acabado (está acabando, por mejor decir, porque la agonía aún no ha concluído) con el Barcelona fuera de todas las competiciones, incluso fuera de la Europa League a la que descendió tras ser eliminado de la Champions, y luchando por ser segundo en la Liga, con la que también pretendió (y lo consiguió) engatusar a los culés pese a que el equipo nunca llegó a estar a menos de 12 puntos del Real Madrid.
Hoy Koeman, al que tampoco quería Laporta pero que se tuvo que tragar por un tema económico, ha hecho dos cosas; la primera ha sido reivindicarse a sí mismo como entrenador de fútbol, que es algo humanamente comprensible; la segunda, y más importante en mi opinión porque trasciende de lo personal para ascender hasta lo institucional, ha sido regalarle a Laporta una clase magistral sobre cómo se debe gestionar un club de élite después de pegarle un baño de realidad. Con tres datitos, sólo tres, ha desmontado todo el tinglado que tienen organizado los propagandistas alrededor del presidente. Koeman le ha pedido a Laporta que apoye a Xavi y que le defienda delante de todo el mundo, que es precisamente lo contrario de lo que hizo con él; le ha recordado que al actual técnico le han fichado a tres delanteros y que eso ha supuesto que ahora el equipo esté a 16 puntos del liderato mientras que él lo dejó a la mitad; y, por último, ha reivindicado la figura del maltratado Luuk De Jong, jugador al que él recomendó, que ahora de repente se ha transformado en el nuevo Quini hasta el punto de que ya se rumorea que lo quieren renovar.
En menos de un año Ronald Koeman, que no es que tampoco haya inventado la rueda y que me parece que no daba la talla de entrenador de un equipo como el Barcelona, ha visto cómo se ha agigantado su figura al mismo tiempo que menguaba la de Laporta y, a su sombra, también la de Xavi. Como él, como Xavi, Koeman también es una leyenda del club pero, a diferencia de él, a diferencia de Xavi, nunca fue un ortodoxo. Koeman sabía perfectamente a qué querían que jugase el equipo en el Camp Nou pero entendió desde el principio la distancia abismal que separa el poder del ser. Como a De Jong, y por cierto a Dembélé, a Koeman se le faltó también mucho al respeto y eso que tuvo el gesto de gallardía de aceptar el regalo envenenado de dirigir al equipo en un momento de crisis deportiva, económica e institucional sin parangón. «Yo no fracasé», ha dicho Koeman, «yo gané una Copa». Y tiene razón nuevamente el holandés. Si Koeman fracasó ganando una Copa, ¿cómo llamar a lo que ha hecho Xavi Hernández que fue eliminado de la Supercopa, noqueado en la Copa, sacado por la puerta de atrás de la Champions y zarandeado en la Europa League? Con lo que tenía, Koeman hizo lo que pudo. Como Xavi que, con lo que tenía Koeman y lo que luego le trajeron a él, ha hecho lo que ha podido, que ha sido nada y menos. Eso sí, Koeman nunca habló del ADN, del estilo ni de jugar bien, ni tampoco dijo que no tiene ni idea de qué quieren en el Real Madrid, que desconoce su historia y su filosofía. Y eso, amigo mío, eso puntúa doble. Eso puntúa doble como también puntúa doble colocar una pancarta enfrente del Bernabéu y abrazarse a un maniquí, tal es el estado esquizoide que se vive, hoy por hoy, en uno de los clubes más grandes del mundo. Al Barça le iría mejor con Koeman de presidente.
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