Toros del sol: Los tres tenores

El taurino navarro Solana los define como «los tres tenores», y evidentemente los tenores son sevillanos: Morante, Aguado y Ortega. Los tres tienen a gala anunciarse con las ya famosas «juanpedradas». Es como un cartel diseñado en el barrio de Triana al socaire de unos «finos» junto a un platillo con «soldaditos de Pavía», y unos carteles de fondo cuyos protagonistas serían Curro el de Camas y el jerezano Paula con toros de Ramón Sánchez.

En el fondo de toda esta estratagema taurina hay una mirada romántica al pasado, a los años ochenta, cuando la afición sevillana suspiraba por aquellos cuatro o cinco paseíllos de Curro en la feria abrileña. Daba igual lo que  luego hiciera el camero, la esencia estaba en saborear su plasticidad y embrujo con el capotillo de paseo; y si luego las musas le soplaban en el cogote y éste se recreaba en una media verónica o hacía amagos de estirarse con la muleta, entonces el personal hispalense salía del coso maestrante ruborizado cuál adolescente enamorado.

A los tenores de verdad, es decir: Pavarotti, Domingo y Carreras les iban a ver un público heterogéneo, puede que interesados en sentir la sacrosanta popularidad de estos divos de la ópera; y daba igual lo que interpretaban; la cuestión era verles a ellos. Estos espectáculos nada tenían que ver con una representación operística  en la Scala de Milán o La Fenice veneciana, porque en estos templos se suelen dar cita los grandes aficionados, aquellos que incluso cuentan los segundos que dura un trémolo agudo.

Por ello, quizás este cartel resplandeciente de sevillanía está siendo exportado a cualquier plaza que nada tenga que ver con la Maestranza. Y si ahondamos en la filosofía que conlleva esta combinación taurina, caeremos en la cuenta que el menor esfuerzo queda bien remunerado y además justificado. Los toritos artistas de Juan Pedro apenas llegan a los caballos quedan desfondados. ¡Pero qué importa, el primer tercio ya se ha consumado! Y ahí, los tres actuantes son estupendos, van más que sobrados, manejan los capotes con solvencia, incluso con arte. Si el «juanpedro» de turno apenas se tiene en pie, el respetable al menos habrá sentido la dulce caricia capotera de Juan Ortega intentando parar el tiempo y Morante habrá pergeñado atisbos «joselitistas» en un quite. Es como la «ley del mínimo esfuerzo». Lo demás lo dejan para otros. Ellos son artistas de la ribera del Guadalquivir, no pidamos más esfuerzos.

Acerca de Curro, decía Navalón que había que ser de su cuadrilla para poder ver alguna faena que se acercara a la redondez; aunque también manifestaba que la faena más completa y rotunda del llamado «faraón de Camas» la había realizado en Santander en los años sesenta, ¡ahí es nada! El binomio Curro-Paula estaba en otra esfera que nada tenía que ver con los tres tenores sevillanos, a éstos les faltan muchas horas de vuelo, kilometraje y aun así difícilmente podrán equipararse a ellos.

Giovanni Tortosa

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