Quizá todavía haya mucho que esperar. Por lo menos hasta que el progresismo, que invadió la Iglesia, y que reproduce en ella los errores señalados en «Humani generis», acabe disipándose. A no ser que la advertencia vertida por San Pablo en 2 Tim 4, 1-4 sea simplemente un atisbo de aquellos tiempos descritos en el Apocalipsis. Entonces habrá que esperar que el mentiroso que confunde a la Iglesia, el «drakōn» o «megas», el «ophis» o «archaios», que se llama «diábolos» y «Satanâs», que seduce al mundo entero, el acusador de los cristianos, sea arrojado para siempre al lugar que le corresponde (Ap 12, 9).
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