San Isidro’22. Valdefresnos de quitar el hipo para Luque, muy serio; Garrido, que tiró las cartas; y Juanito, que vivió un infierno. (Era Oliver, y no Sanjuán, el presidente enmascarado de la novillada orejera) Márquez & Moore

El Buscavísperas de Luque
El Cantanero, ¡número 13!, de Juanito
JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Lo primero, es de justicia, dar a cada uno lo suyo y ayer le dimos desde aquí cera al funcionario don Ignacio Sanjuán Rodríguez, porque según el programa era él quien presidía, y resulta que había presentado baja laboral, que el Programa Oficial número 23 de la Temporada 2022 no recogió. El que en verdad presidió fue Oliver, el Oliver que se guareció tras de la mascarilla y nos engañó en la distancia, o sea que para él todo lo que le achacábamos ayer al otro, a quien rogamos acepte nuestras más sinceras disculpas. Hoy volvió Oliver al palco, ya sin mascarilla, como dice la canción “con cara de yo-no-fui”.
Aparte de lo de Oliver, lo más reseñable en el inicio del festejo, además de lo de no haber minuto de silencio ni saludo en el tercio, es que hoy no hemos tenido que leer en el programa lo del ganado que le compró al Duque de Veragua, a principios de 1930, Juan Pedro Domecq. Lo recordamos aquí para que no se olvide. Nos libramos de la morcilla de la malhadada compra porque hoy lo que nos habían preparado los Plazauneros era un planazo de lisarnasios, que a esos les toca su propia jaculatoria. La ganadería anunciada en el cartel era la de Valdefresno, que es la parte que se quedó don Nicolás Fraile cuando se escindió en dos la de Puerto de San Lorenzo, que permaneció en propiedad de don Lorenzo Fraile. Estamos, como puede comprobarse en los líos frailunos y de convento, porque aunque para hoy se anunciaron, como se dijo, toros de Valdefresno, al menos dos de los que salieron en ésta, el primero y el sexto, llevaban el hierro de “Fraile de Valdefresno, D. José Enrique” otra franquicia frailera que, según la Unión de Criadores de Toros de Lidia tiene antigüedad de 27 de septiembre de 2015, pero ya se ve que algo falla en ese monacato, porque en aquella corrida de “toma de antigüedad” lo que se anunció fue el ganado de “Hermanos Fraile Mazas”. Un lío es lo que hay montado en el monasterio, en suma, y la Unión de Criadores no ayuda.
Pero para lío el que traían los lisarnasios que mandaron a Madrid a defender la divisa amarilla y encarnada, (o la azul marino y verde del jaleo de la antigüedad), que nos esperábamos las bolas de carne de lengua fuera y jadeo al punto y resulta que salieron seis galanes, cada cual de su condición, que no llegamos a conocer si sabían abrir la boca y que colocaron sobre la arena blanquecina de Las Ventas un buen número de problemas y de dificultades, una incomodidad para los de a pie y una firme decisión de no pasar desapercibidos.
Llevábamos quince días de tostón ganadero a base de perros amaestrados y resulta que entre la novillada de ayer y la corrida de hoy nos hemos vuelto a reencontrar con el toro. Los de hoy mostraron mansedumbre, inteligencia, nobleza o violencia donde cada día vemos sumisión, entrega y ganas de no estorbar, o sea que hemos disfrutado una barbaridad con la corrida tan variada y, precisamente por la condición cambiante y peligrosa del ganado, no ha sido difícil ponerse del lado de los toreros en esta fría tarde, por las dificultades que han tenido que arrostrar y el riesgo al que, cada cual en su momento y a su manera, han plantado cara. Corrida de aspecto muy serio, cabezas de las de quitar el hipo y, como corresponde a este encaste, menor desarrollo del tercio posterior, toros que no han besado el suelo ni han perdido las manos, fuertes de pezuña, que se han estrellado contra esos descomunales caballos de la cuadra de Equigarce, que como sigan así, un día van a desmontar al Espartero de su monumento en la Calle de Alcalá para traer a Las Ventas al castizo caballo de bronce famoso por sus descomunales criadillas.
El cartel de los toreros para esta tarde se componía de la terna formada por Daniel Luque, cuyo dadivoso padre me convidó un día a un exquisito café, José Garrido y Juan Silva “Juanito”, que venía a confirmar el doctorado en Ciencias Taurómacas que le confirió Antonio Ferrera en Badajoz en 2019.
Cuando el torilero, chocantemente ataviado de barquillero de El Retiro, descorrió el cerrojo del chiquero de la derecha y asomó la jeta el primero de la tarde, Manzanillo, número 14, con el hierro que no correspondía a lo anunciado, los peores temores de la maldición lisarnasia se hicieron presentes al contemplar un toro feo como él solo, de cuerna acapachada y sin gracia alguna en sus maneras. Una mala impresión de salida, porque el toro se echa con buen son hacia el roquedal en el que cabalgaba Francisco Javier Elena “El Patilla” que le agarra bien y, como el animal empuja, le cierra la salida con la carioca de los toros que empujan. En el segundo encuentro considera “El Patilla” que entre la conmoción por el choque y lo que le dio en la primera baza ya basta y le castiga mal y poco. Tras la canónica ceremonia de intercambio de trastos, Juanito se dirige a un señor que estaba de paso por el callejón, al que le brinda el toro, y se dispone a enfrentarse a su primer toro de Madrid, Comienza su tarea tratando al negrito por la mano izquierda, rematando hacia arriba. Pronto descubre Juanito que posiblemente el otro pitón sea más fecundo para desarrollar sus cosas que, aunque parezca mentira, se basan en el toreo rectilíneo, en la falta de colocación y en la esperanza de que el toro se coma los pases uno tras otro y que no cese de moverse. Lo de todos los días, vamos. Consigue ese movimiento continuo del burel en algunos momentos, en los que oye la aprobación del público más conformista y cuando el toro decide pararse entre pase y pase se esfuma la magia correteadora y el público se enfría de un toreo tan insípido. De los seis toros es éste el que ha sido más convencional, el más parecido a lo de todos los días. Dos pinchazos, una entera trasera y un aviso es la cosecha final de Juanito.
Manzano, como el que fue excelente Alcalde de Madrid y gran partidario de Julián, número 32, era el nombre del primero del lote de Luque. Toro de gran presencia. En su recibimiento Luque se empeña por cinco veces en darle una media verónica que, por lo que sea, nunca llega a salir bien. Cuando acude al Monte Saint-Michel equino sobre el que galopa Juan de Dios Quinta recibe un picotazo por decir algo, pero también se puede decir que el tercio de varas consiste en que ni el picador pica ni el toro se entrega. Tras la devolución de herramientas, comienza el trasteo de Luque basado en los cabezazos que suelta el toro, que no hay vez que no le enganche la muleta. El toro es violento, el viento sopla fuerte, Luque no se centra y allí no hay manera de acoplarse entre los tres actores para sacar algo decente. A veces el toro hace como que mete la cara y cuando el de Gerena está iniciando el pase, en seguida el toro la levanta con un derrote, y vuelta a empezar. Cuando Luque se va a la barrera a deshacerse del espadín de mentira, lo agarra por la mitad de lo que sería la hoja en una estampa muy poco torera. Cuando tiene en la mano el estoque de verdad, lo agarra por la empuñadura y cobra un pinchazo hondo, saliendo perseguido por el toro, una puñalada a metisaca y una estocada arriba, pero con la puñalada ya habría bastado para hacer morir al toro.
El tercero, primero de Garrido es Pelotero, número 53, toro de mucho cuajo y seriedad, manso y encastado. Un tío. Óscar Bernal le agarra bien en la vara primera tapándole la salida. El toro cabecea contra el peto y Bernal no se ceba en el castigo. La segunda entrada es al relance y, de nuevo, Bernal le agarra y le pica poco. Gran pundonor el de Chacón en el segundo de sus pares, enfadado de no haber clavado más que una en el anterior, busca él al toro sin que se lo tengan que colocar y clava con convencimiento, facilidad y torería. Ante la incertidumbre del toro, sus indisimuladas ganas de irse a tablas y su embestida violenta, Garrido trata de imponerse a él y de fijar el terreno de la pugna entre las rayas. Ahí a base de tragar y de estar hecho un tío, le saca una serie al natural, pisándole el terreno que el toro acusa tratando de huir de la suerte. De nuevo Garrido insiste en sujetar al animal con la izquierda en el terreno que él dicta. Esta primera fase de la faena es maciza y muy sólida, pero tras un amago del toro, el torero tira las cartas y abandona ese camino de poder y de seriedad y comienza una segunda parte marcada por un pase invertido de esos que dan en los pueblos y se pasa la muleta a la derecha, que no es el mejor pitón del toro, para ver de hacerle lo de cada día, lo cual no consigue. Faena esquizofrénica y a menos, con un principio sensacional y un final de todo a 1€ con sus manoletinas y final estrambótico con estocada casi entera y persecución al torero desde el 9 hasta el 4, la diagonal de la Plaza a la carrera. Queda la sensación de que venció el toro, pero había que estar ahí abajo tragando lo que Garrido ha tragado esta tarde con Pelotero.
Del toril de la izquierda sale Buscavísperas, número 31, otro toro muy serio. A estas alturas ya se ve que la corrida es más de col que de lechuga. Este tiene inequívocos síntomas de mansedumbre. En su segundo encuentro con el pedrusco equino sobre el que cabalga el otro “El Patilla” de la tarde, José Manuel García, se produce la caída del aleluya, que muchos pensaban que el penco se había hecho el muerto, mientras trataba de taparle la salida al toro. Es un toro que anda suelto, bastante incierto. Luque se lo lleva hacia los medios y allí, a base de oficio, de muy buen oficio, le va exprimiendo, tragando lo suyo por lo incierto del toro y, finalmente le saca una serie muy estimable con la derecha, toreo de años de alternativa y de claridad de ideas. Todo lo que el toro tenía que decir era por la derecha y Luque agarra la zurda para confirmar en tres muletazos esa impresión. Luego, después de haber labrado al toro, concibe Luque un final absurdo de cercanías, con esa desatinada manía de tirar el espadín de mentira, cosa que nadie le aplaude, antes de cobrar una estocada caída. Es ésta la vez que más serio he visto a Luque, de tantísimas como le he visto.
Por el segundo de Garrido, Langosto, número 27, pasaremos de puntillas porque lo bueno que tenía Garrido que decir lo dijo a medias en su primero. El toro era más chico, menos imponente diríamos, que los que le habían precedido. Entró al Mont-Blanc equino sobre el que se hallaba Aitor Sánchez con una carrerilla para dejarse pegar y luego otra para lo mismo. Se puso exquisito en banderillas poniendo dificultades y cuando tocaron los clarines a muerte, se las vio con un Garrido que prefirió abundar en las trazas de la segunda fase de su trasteo: se ve que eso es lo que traía pensado desde el hotel. Pinchazo tendido soltando la muleta y estocada baja es su balance toricida. Por tercera vez en lo que va de Feria, los benhures de la mula salen disparados hacia el desolladero sin haber enganchado al toro.
Tras la habitual huida de público al doblar el quinto, ahí tenemos a Cantanero, número 13, también del hierro no anunciado, salpicado, bragado y meano, bonita lámina. Pierde Juanito el capote al recibir al toro, como una premonición de lo que vendrá. Antes Antonio Palomo le zurra en la vara primera, cerrando la salida natural del bicho, y le vuelve a pegar en la segunda, en la que el toro decide no emplearse contra el tabique. La cosa no pinta muy bien para Juanito entre el viento y su patente falta de plan, unido a que el toro no acaba de estar fijado ni, por supuesto, sometido. El chico pasa un auténtico infierno con Cantanero, que tiene mucho que torear. Luque ve la dificultad del toro y la bisoñez del torero y se aposta en el burladero del 10, frente al sitio donde Garrido está aperreado con el toro, por lo que pueda pasar; ahí es importunado por Ortega Cano, apoderado y miembro del Centro de Asuntos Taurinos, que le entretiene de su labor con sus bobadas. Arrecia el viento y los pocos recursos de Juanito no le sirven para achicar agua de esta inundación cuando en un derrote el toro arrebata la muleta limpiamente de las manos del matador que nos hace respirar cuando se tira a cobrar una estocada tendida. Luego, muchos descabellos, dos avisos y un gran detalle de Luque estando junto a él cuando se veía que la cosa se iba feamente a por el tercer aviso.
Cuando los tres espadas abandonan la Plaza por su propio pie en esta tarde tan complicada observamos que ninguno de los tres presenta manchas en el vestido.
Luque confirma a Juanito
ANDREW MOORE
LO DE LUQUE
Es ésta la vez que más serio he visto a Luque,
de tantísimas como le he visto
LO DE GARRIDO
Queda la sensación de que venció el toro,
pero había que estar ahí abajo tragando lo que Garrido
ha tragado esta tarde con Pelotero
LO DE JUANITO
Un gran detalle de Luque estando junto a Juanito
cuando se veía que la cosa se iba feamente a por el tercer aviso

FIN
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