San Isidro’22. Un día, llega uno que hace el toreo, el de verdad, y todo ese castillo de naipes urdido mentira a mentira se va por el desagüe. Se llama Ángel Téllez.Márquez & Moore

«…¡Y qué manera de torear! ¡Qué velocidad de cámara lenta! ¡Que pase de pecho!, probablemente el primer pase de pecho de verdad que vemos en la Feria. ¡Qué manera de pasarse al toro! Aquí no sirven las monsergas ésas de perder pasos, de que si pones o repones, de que si para ligar hay que hacer esto o aquello, aquí sólo hay la emoción a flor de piel de contemplar a un muchacho de veinticuatro años que se viene a Las Ventas sin apoderado, que se mete en una sustitución a costa de las buenas maneras que demostró en su actuación de hace diez días…»

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Ahí está Téllez, Ángel Téllez, dando un trastazo al muñeco, lo que se dice un soberano trastazo, desmontando de un plumazo todo lo que te dicen que no puede ser, enviando al hoyo a la deplorable forma de torear de cada día, de todos los días, riéndose en la cara de los tres tenores del día anterior, del pobre Rufo, de Julián el poderoso, con los argumentos de verdad encima de la mesa, los argumentos del toreo que a todo el mundo pone de acuerdo, sin necesidad de que un tío listo te lo tenga que explicar. Ahí está Téllez toreando de la manera que los cansinos esos dicen que “no se puede torear”, riéndose en la cara del mamarracho televisivo y de la caterva de engañadores profesionales que venden el humo de los pases que se dan por darlos como si eso fuera el toreo: luego, un día, llega uno que hace el toreo, el de verdad, y todo ese castillo de naipes urdido mentira a mentira se va por el desagüe. Téllez esta tarde en Madrid ha tirado de la cadena del wc para que se vaya en buena hora, camino de la depuradora, esa mendaz farsa de cada día y todos los engañadores profesionales que la avalan.
El prodigio ha ocurrido con un toro viejo, Viajero, número 173, diciembre del 16, negro, con el que Ángel Téllez ha construido una emocionante faena en la que se ha ido creyendo a sí mismo a medida que esta avanzaba. Podemos decir que hemos sido testigos hoy en Madrid de cómo crecía y se consolidaba el torero conforme se iba haciendo dueño de la situación y se iba dando cuenta de que su toreo sin trampas calaba honda y naturalmente en los tendidos.
Comienza Téllez su labor sacándose hacia los medios al toro con tres muletazos a la larga distancia, andando, muy personales y muy lejos de lo de todos los días. Una vez el toro está en el terreno elegido, los medios frente al 6, le propone una serie con la derecha a la que el toro acude con un buen son, pegando dos redondos extraordinarios al final de la serie. Se cambia la muleta de mano y ahí, al natural, comienza a dejar clara su disposición a hacer el toreo de verdad, el de estar cruzado con el toro en el cite y en el de mandar, dictando él la velocidad de la embestida, y templar para no ser enganchado. ¡Qué cosas! Parar, templar, mandar y cargar la suerte, como si hubiera que inventar algo, que aquí todo está ya inventado. En esta serie, cruzado con el toro en el sitio en el que se producen las cornadas, aguanta el parón del animal, resolviendo emocionante y valerosamente el muletazo y desde ahí ya sabe netamente que él es el amo. Remata esa serie con un torero molinete y cuando el toro quiere más, un pase de pecho de muchísimo cuajo.
Cuando Ángel Téllez vuelve a tomar la muleta con la mano derecha, ya sabiéndose triunfador sobre el toro, torea a una velocidad lentísima, a la que él dicta que debe ser, proclamando la verdad del toreo sin trampas ni artificios. Toma la espada de verdad y deja una serie de naturales que vemos de pie, puro desgarro, y luego el pase de pecho de verdad el que hay que dar para quitarte al toro de encima, y antes el cambio de mano, y antes el derechazo largo y en redondo. Con todo eso la Plaza es un manicomio de gentes viendo torear, viendo el toreo que no te tiene que explicar nadie porque aunque sea el primer día de tu vida que vas a los toros y no sepas cuál es la razón, te emociona desde adentro y te levanta del asiento a aplaudir. Muchos de estos jóvenes que vemos cada día por los pasillos hoy es el día en que han visto torear por vez primera en su vida y, los que se aficionen, algún día dentro de muchos años contarán que el veneno por los toros se lo metió un tal Téllez un viernes de mayo en Madrid, cuando comprendieron en qué consiste el auténtico toreo.
¡Y qué manera de torear! ¡Qué velocidad de cámara lenta! ¡Que pase de pecho!, probablemente el primer pase de pecho de verdad que vemos en la Feria. ¡Qué manera de pasarse al toro! Aquí no sirven las monsergas ésas de perder pasos, de que si pones o repones, de que si para ligar hay que hacer esto o aquello, aquí sólo hay la emoción a flor de piel de contemplar a un muchacho de veinticuatro años que se viene a Las Ventas sin apoderado, que se mete en una sustitución a costa de las buenas maneras que demostró en su actuación de hace diez días y que es capaz de poner a todos de acuerdo, porque la verdad sólo tiene un camino. Y la verdad la dicta un joven torero con maneras propias de la madurez asolerada y elegante, que posee el secreto del mando, del temple y de la ligazón, que no se esconde del toro y que posee una portentosa mano izquierda, la mano de los billetes, como apuntó en su anterior comparecencia.
Parece un sarcasmo que Téllez dejase en su anterior comparecencia, el día 17, una de las mejores estocadas de lo que llevamos de Feria y hoy, en su faena cumbre, nos haya atizado un pinchazo y una estocada tendida que es como si nos las hubiese puesto a todos y cada uno de los que estábamos en Las Ventas. Nadie es perfecto, pero hay que ver qué cosas tiene esto de los toros.
Realmente no merece la pena relatar más del festejo en el que, además de Téllez, hicieron el paseíllo Diego Urdiales y Alejandro Talavante. Los cinco primeros toros eran de Victoriano del Río y el del faenón de Téllez de Toros de Cortés, evidentemente el programa oficial en su página 7 nos olvidó recordarnos que “Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio compró a principios de 1930 la ganadería del Duque de Veragua…” El Presidente don Jota el orejero, don Gonzalo Jota de Villa Parro, presidió hoy por última vez en Las Ventas y desde aquí le auguramos que una vez que su nombre deje de salir en el programa ya nadie va a acordarse de él jamás.
Es ésta una noche para paladear los recuerdos y para envidiar al hombre que hoy hizo el toreo. El planeta Tierra tiene 7.9 billones de habitantes y de ellos sólo 22.964 hemos visto, nos hemos emocionado, hemos vibrado y hemos aplaudido a un muchacho que, espada en la derecha, muleta en la izquierda y corazón en medio, hoy ha toreado en Madrid. Somos afortunados.

ANDREW MOORE
Y el de pecho al toro del prodigio, Viajero,
número 173, diciembre del 16, negro, de Cortés
FIN
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