San Isidro’22. Moruchada de Ymbros variada de cuernas para los silencios de Urdiales, los fuegos artificiales de Roca y los descoloques de Ginés. Márquez & Moore

La catenaria del tranvía
«…Feria de San Isidro 2022, patrocinada por Johnny Walker y Beefeater. En las taquillas está plantado el cartel de “No hay billetes” y, a la entrada, las gentes se agolpan en los vomitorios para acceder a los tendidos, muchos cargados con vasos que contienen selectos combinados. La verdad es que si ni te gustan los toros ni sabes nada de lo que allí va a pasar es mucho mejor irte a la localidad con dos copas dentro y otra en la mano y así echas el rato más tranquilito, como el que está pasando el rato en una terraza de la calle, pero más incómodo…»
JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Con alivio vemos al principio del festejo que se recuperan las tradiciones de Las Ventas, que llevábamos tres días de desasosiego y hoy por fin ha habido una ración de palmas tras el paseíllo, para que todo vuelva a su cauce. Luego, además, tras el paréntesis de ayer, volvemos a hallar en la página 7 del programa la consabida noticia de que “Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio compró a principios de 1930 la ganadería del Duque de Veragua…”, por si alguno no se había enterado, que estas cosas conviene dejarlas claras desde el principio. Podemos decir que ambas cosas constituyen el inicio más canónico y perfecto de una corrida de toros en Madrid en esta Feria de San Isidro 2022, patrocinada por Johnny Walker y Beefeater. En las taquillas está plantado el cartel de “No hay billetes” y, a la entrada, las gentes se agolpan en los vomitorios para acceder a los tendidos, muchos cargados con vasos que contienen selectos combinados. La verdad es que si ni te gustan los toros ni sabes nada de lo que allí va a pasar es mucho mejor irte a la localidad con dos copas dentro y otra en la mano y así echas el rato más tranquilito, como el que está pasando el rato en una terraza de la calle, pero más incómodo.
Para esta tarde del 25 de mayo, centésimo cuadragésimo quinto día del año en curso y aniversario del estreno mundial del filme Star Wars, los gestores del Muladar de Las Ventas optaron por la adquisición de seis galanes de la ganadería de Fuente Ymbro, que es la ganadería que más beneficiada ha salido de la pedrea ganadera de Plaza 1, ya que a la novillada del pasado lunes y a la corrida de hoy se une la del día 2 de junio, con lo que Madrid ha retirado de los comederos de San José del Valle a 18 animales, con todo lo que se comen esos bichos. Como si no hubiese otro ganado en el campo, tras dos años prácticamente sin festejos, el experto veedor tuvo que ir a fijar sus astutos ojillos en los hijos putativos de don Ricardo Gallardo no una ni dos, sino hasta tres veces, y luego que si la abuela fuma.
Por la parte de la torería se vino desde Logroño Diego Urdiales a abrir Plaza y con él Andrés Roca Rey y Ginés Marín, que es el que recogió las palmas de antes de empezar, por su rápida recuperación del percance sufrido el día del Santo Patrón. Esto de la rápida recuperación de Ginés, apunta la aficionada T., es ni más ni menos que el drama del autónomo, que los días que está de baja no ingresa.
Del ganado diremos, así por encima, que nada tuvo que ver esta corrida de toros cinqueños con la variada y movida novillada de este mismo hierro de hace un par de días y todo lo que pareció de perlas en el comportamiento de los novillos hoy ha devenido en una bueyada en los toros. Cosas de la edad. El hecho de que al tercero se le cayese un trozo del pitón derecho tampoco es que sirva para dar una buena nota ni al ganadero, ni al veedor, ni al veterinario. Luego, acaso, daremos algunas señas más del ganado, pero la nota de corte de esta EBAU de hoy apenas da para que admitan a los toros en alguna cosa de Humanidades.
El primero era Histérico, número 212, negro, listón y bragado al que agarra Óscar Bernal un buen puyazo arriba y luego otro durante los que el animal se deja pegar para salir de la jurisdicción cuando quiere y más bien suelto. Pese a su embestida sosaina el toro va, especialmente cuando la salida apunta hacia las tablas, pero no se larga de la muleta de Urdiales, de verde billar y oro, que manda al tendido el mensaje no verbal de que es muy probable que hoy no vaya a ser su día. Anda el riojano rondando al toro con esa manera suya tan elegante de estar en la Plaza, pero sin que la cosa se sustancie en un planteamiento de toreo que eche a rodar la cosa. Diríamos que hoy Urdiales estaba en modo Rioja Baja, espárragos blancos de Autol o borrajas de Calahorra más que de ese exquisito Marqués de Riscal XR que tanto nos gusta. Ni templa ni se coloca y cosecha, pese a ello, un inusual silencio de la ruidosa Plaza, una expectación respetuosa que Madrid da a muy pocos. Sin embargo, todo acaba colmando el vaso de la paciencia y cuando Urdiales se pone a alargar su nada, ya surgen algunas censuras desde el graderío. Le pega al toro un metisaca que le parte la aorta, el corazón y hasta la madre y con eso finaliza su primer acto.
Nadie puede dudar de que Roca Rey mueve las taquillas con su toreo festivo y valiente, por más que muchos sigamos con la mosca tras de la oreja de si hay algo bajo su vestido de torear que no debería haber, pero de esto nadie habla. El aficionado a los toros, a base de palos es muy suspicaz. Su primer Ymbro se llama Hablador, número 201, negro listón. Se va con fuerza a la montaña de carne caballar en cuya cúspide se halla Sergio Molina, que agarra una buena vara, y luego Roca, de azul noche y oro, hace un quite de veloces chicuelitas como se decía cuando yo era chico, de las de media altura, una de ellas buena y muy ceñida. El que está como un señor a base de facilidad y torería es Javier Ambel con los palos, que saluda una cerrada ovación a su tarea. Inicio muy canónico el de Roca a base de ayudados por alto y pase del desprecio antes de echar a rodar la tradicional tauromaquia de medio pase y pata atrás. El momento más artístico de la tarde se produce ahora, cuando Roca cita al toro con la izquierda y el animal se va echando hacia atrás, dejando diversas marcas en la arena, que va haciendo con la mano derecha y luego con la mano izquierda y dibujando perfectamente una bonita espiga. Como el toro no repite y no se produce la sucesión y ligazón de pases que muchos confunden con el toreo, la parroquia acaba enfadándose y Roca, derrotado por el toro en el plano artístico, se desquita dejándole un bajonazo digno de un malhechor y no de un espíritu creativo como el de Hablador.
El castaño que atendía por Malicioso, número 221, es el toro al que le faltaba un trozo de cuerno, que a ver si la ciencia veterinaria nos cuenta qué demonios pudo haber pasado con esa prolongación ósea del hueso frontal para que un cacho no estuviera en su sitio. A eso hay que sumar la cosa de la blandura, las caídas de este Toro con Movilidad Reducida (TMR) que comenzaron a la salida del primero de sus encuentros con La Pedriza equina, y eso que Guillermo Marín aplicó la técnica del Actor’s Studio para hacer la interpretación de que estaba picando cuando no lo hacía. Recibe el toro mil capotazos o chicotazos y, aunque un tropezón cualquiera lo da en la vida, los de Malicioso superan con creces lo admisible, por lo que la sufrida cátedra, atacada diariamente desde el infecto púlpito del mamarracho audiovisual, se exaspera en demandar la sustitución del toro, a lo que el policía García hace oídos sordos. Las protestas parejas a la movilidad reducida y caediza del toro hacen inviable el numerito de la muleta por lo que Ginés Marín, de buganvilla y oro, decide cortar la faena, cosa que se le agradece, y para no ser menos que sus antecesores le arrea al toro un bajonazo. Hasta este momento la tarde es el Festival Mundial del Bajonazo.
Con un par de cirios en la cabeza como los que le puse yo el otro día a San Isidro labrador sale del chiquero Tamboril, número 213. La verdad es que el desarrollo de la cuerna de éste llama la atención en comparación con la del precedente. Urdiales no parece estar feliz con el animal, vamos que no le gusta un pelo y la impresión que da es que no quiere ni verle, por lo que urde un ir y venir basado en el pajareo porque el toro es grande y a Urdiales le viene grande. Nuevo ejercicio de exquisita tolerancia el de la Plaza hacia el riojano, que no es hostigado en modo alguno durante el rato que echa con Tamboril. No mentimos si decimos que entre el respetuoso silencio y las trazas de lo que ensayó Urdiales aquello fue un genuino tostón al que puso punto final un pinchazo apuntando a los bajos y una estocada atravesada echándose fuera.
La salida del quinto, Escribiente, número 195, nos pone en presencia de un manso cobardón al que vemos tapar la salida en varas con el fundamento de que no huya. Durante el tercio de varas, deplorablemente ejecutado con el jamelgo persiguiendo al toro, da la impresión de que todos están aburridísimos y esperando a que aquello acabe, como si no fuera con ellos. Cuando Roca agarra la muleta y se va para el 4, para “Cortilandia”, el sitio donde se cortan las orejas, según el aficionado M. la cosa huele a chamusquina. El toro pega un arreón huyendo de allí y se viene al tercio frente al 10 donde Roca le busca y, por tercera vez huye el animal, esta vez hacia chiqueros, no sin antes haber desarmado al matador, que lejos de amilanarse se persona de nuevo frente al Escribiente y, a base de muñeca, oficio y valor, teniendo en cuenta la incertidumbre del toro, consigue sujetar al bicho sacando unos buenos y ligados derechazos amplificados por la violenta embestida del cinqueño, especialmente cuando el pase es hacia las tablas. Muy entero y dominador Roca en ese interesantísimo inicio y, una vez que considera vencido al toro, prosigue con los fuegos artificiales, pases por la espalda, medios pases, espatarres y demás feísmo que enardece a las gentes. Un buen natural hacia el terreno de adentro en el que el toro huye marca el punto en el que la faena comienza a irse de metraje y a partir de ahí sigue el peruano excitando la cosa festiva acabando a base de bernardinas, mientras escucha rugir al tendido. Mata a la tercera, buena estocada tras dos pinchazos hondos, y después de tanto rugido ni siquiera le hacen dar la vuelta al ruedo. ¡Qué cosas!
El mejor toro de la tarde, si hubiera que elegir uno de la moruchada, le tocó a Ginés Marín. Hechizo, número 108, bien picado por el veterano Agustín Navarro, pero el animal no era repetidor y en esta tauromaquia moderna, como se había demostrado en el toro anterior, lo que las gentes más aprecian es la condición repetidora y si el animalito se para entre pase y pase la cosa no marcha. Si a eso sumamos la descolocación de Ginés, que quedaba patente en cada parón del toro, se comprende que el público no le hiciera mucho caso al joven diestro jerezano, que si algo tenía claro es que él no se iba a poner bajo ningún concepto en el sitio donde se torea. Visto que aquello no marchaba, Ginés le clavó al toro el estoque de forma contraria y con posición trasera y con eso dio por terminada su actuación.
El que está como un señor a base de facilidad y torería es Javier Ambel

ANDREW MOORE
LO DE URDIALES
LO DE ROCA
¡Va por la Empresa, va por Roberto Gómez!
LO DE GINÉS
FIN
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