San Isidro’22. Mazapanes toledanos de Mayalde para los novilleros Santana, Burdiel y el mejicano Fonseca, que fue quien nos arregló la tarde. Márquéz & Moore


–Calla, calla, a ver qué dicen por los altavoces…

–Frsaghhhgahhhgsj sgftttsgggseee grrsssttststsssss sghhhhssshhh frrsssito…

–¿Quéee?
JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Lo de siempre, que no hay manera de que en la Andanada nos enteremos de lo que dicen. Menos mal que hoy sabíamos bien que habría un minuto de silencio en memoria de José Gómez Ortega, Gallito, en el CII aniversario de su muerte en Talavera de la Reina. El 16 de mayo es el único día que no necesitamos escuchar lo que proclaman las psicofonías o parafonías que salen de los altavoces de Las Ventas. Vaya en este día nuestro homenaje al coloso de Gelves y nuestro agradecimiento por su interés personal en la erección de la Plaza de Toros Monumental de Las Ventas del Espíritu Santo, por esas 24.000 localidades que duplicaban las de la Plaza Vieja. Se pasó el año 20, el del centenario, sin pena ni gloria por culpa del asqueroso virus chino, con la de cosas que se tenían que haber organizado en homenaje al hijo de la señá Grabiela, como si un hado funesto siempre estuviese interfiriendo de mil maneras diversas en contra del Rey de los Toreros.
La foto de Campúa
Lo que hoy tocaba era el típico lunes de resaca madrileña, lunes de novillada, y como los de la UTE Plaza 1 (1 kilo de porquería mires donde mires) ya habían echado el resto el lunes pasado programando una de Los Maños, hoy no han tenido más remedio que volver a lo de todos los días, así que cuando al abrir el programa te encuentras con lo de “Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio compró a principios de 1930 la ganadería del Duque de Veragua…” ya sabes que estamos de nuevo en las garras de la juampedritis, ese potentísimo virus, esa metástasis, esa invasión de los ultracuerpos que se ha ido enseñoreando del campo bravo. Para hacerse cargo de cómo está la cosa baste con señalar que llevamos nueve corridas de la Feria, toros y novillos, y en siete de ellas el programa se ha abierto con la malhadada compra al Duque de Veragua. Y las que nos quedan.
La juampedrea de hoy venía desde Toledo, de los predios ganaderos del señor Conde de Mayalde, donde se yergue el palacio del Castañar “sobre jardines y monte” y, conforme a lo que suele ser habitual, el ganado mostró capas castañas y coloradas. Muy bonita novillada por hechuras, baja de agujas y de armoniosas proporciones, perfectamente identificable su procedencia, lo que antes se decía “trapío”, que no es otra cosa que parecerse a lo suyo, tener el tipo característico de los de su casta. Lo de las fuerzas ya va por otro lado, porque los tres primeros Hortelano II, Escultor y Chorlito I, números 31, 9 y 2, estaban como aquel famoso borrachín que iba por la calle “que me caigo, que me levanto”, provocando la ruina de los toreros y el enfado de la afición. A partir del cuarto, el colorado Chorlito II, número 47, que fue el único que no midió la arena con su anatomía salvo cuando cayó herido de muerte, y en menor medida Hortelano I y Barrenero, la corrida se arregló bastante en el asunto de las caídas y aunque las hubo, no marcaron tanto el desarrollo del festejo como las de los tres inválidos del principio.
Para matar esta caja de mantecados toledanos que mandó el señor conde, las mentes pensantes del comité de sabios estimaron oportuna la contratación de los novilleros Santana Claros, Isaac Fonseca y Álvaro Burdiel, de Sevilla, nuevo en esta Plaza, cada cual con sus circunstancias: la de Santana, sus diez años como novillero desde su debut con caballos; la de Fonseca su inminente alternativa, la de Burdiel sus once meses desde su debut con caballos. En el caso de este último cuenta también como circunstancia el hecho de ir apoderado por José Ortega Cano.
Santana Claros se dispone a recibir de capa a su primero vestido de nazareno y muchísimo oro, una fiebre del oro lo que llevaba el chico encima. El novillo canta en seguida su blandura sólo equiparable a su condición bobísima. Pasa por los de las faldillas sin nada que decir y a la salida de la segunda vara de picoteo se tira Fonseca como un león a pegar un quite por gaoneras ceñidas, acaso algo atropelladas, muy en novillero. Tras un espeluznante quite de Raúl Ruiz a Ambel con la cornada ad portas hicieron saludar a Ambel, que la gente va a lo que va. Luego el trasteo, primer capítulo de este día de la marmota que vivimos constantemente en Las Ventas, cite con el pico, muletazo, carrerita; cite con el pico, muletazo, carrerita y así unas cuantas. A eso le llaman, al parecer, “perder pasos”, que valiente sandez. Bueno, pues tras otro lote de lo mismo y lo de la media altura para evitar el desplome, tras una estocada entera, contraria y traserita en la que recibe una cornada, se acabó la primera intervención de Santana Claros.
El segundo es Escultor, y queremos pensar que su nombre es un romántico homenaje a Antonio Navarro Santafé de quien el XVII conde fue mecenas. La cosa es que el tal Escultor fue más bien novillo de escultura en barro que de bronce o mármol que se durmió en el peto en la primera vara y al que no se le picó en la segunda, dando claros síntomas de blandura congénita y de bondad propia de una Orden Mendicante. Lo que pedía Fonseca era energía donde enseñar las ganas que tenía de todo y lo que recibía era caída tras caída del típico toro mascota. La cátedra no dejó de censurar con razón la presencia de ese Bambi taurino y, enfadado, Fonseca decide poner punto final a la tragicomedia a base de una estocada entera soltando la muleta.
Chorlito I es el primer novillo de la vida torera de Burdiel en Madrid. Burdiel venía vestido de azul noche con unos indescriptibles bordados en oro que debían ser diseño del apoderado. Recibe al bicho en las rayas con verónicas rodilla en tierra y luego, en el tercio, verónicas de pie. Pica bastante deficientemente David Prados mediante lanzazo en la paletilla y rectificación y ya tenemos al bicho deslomado en el suelo. La segunda vara, trasera y pegando. Le afearon al fuenlabreño su labor. Banderillas de ni fu ni fa y, en el inicio del trasteo de muleta, voltereta completa del novillo y costalada padre, para acabar de arreglarle. No le echan cuentas las gentes al trasteo con Chorlito I, de tanta caída y tanta blandura. De nuevo el perfil psicológico del animal fue el de un ser moldeable y sin personalidad, incapaz de interpretar la realidad. El perfil del matador se mueve, sin embargo, más bien en los términos de aquél al que le han dicho que “tiene algo”. Un pinchazo sin soltar, una estocada entera y un descabello acabaron con el novillo mientras la alguacililla doña Rocío, aupada de puntillas, miraba por encima de la barrera cómo el bicho moría a sus pies.
El cuarto, Chorlito II, ha sido el mejor de los seis mazapanes toledanos de Mayalde. Durante todo el primer tercio anduvo por la Plaza a su albedrío, se fue al caballo cuando quiso y desde donde quiso, se retiró cuando le pareció oportuno, le trató de tapar la salida Aurelio Cruz en su tercera entrada y se largó igual de suelto que en las otras y “a su bola”, que diría un castizo. El toro tiene viveza y fuerza y Santana, que ha permanecido en el callejón con la cornada en el muslo, intenta todo lo que sabe, sin que la cosa pueda cobrar vuelo con el pundonoroso torero herido, resultando a la postre mejor el novillo condeso que su matador. Con una hábil estocada casi entera pone punto final a su actuación.
Isaac Fonseca se debió relamer con el toro anterior, porque eso es lo que justamente él andaba buscando, por eso cuando salió Hortelano I trató de que la ocasión no se le fuera y aunque el toro le quita el capote en el remate de su recibimiento y pasa por las varas con un par de caídas, llegan luego las ovacionadas banderillas de Raúl Ruiz y de “Tito” y el inicio de rodillas en el tercio por pases cambiados mostrando netamente su intención: no pasar inadvertido. El novillo es un alma de Dios con un gran afán de colaborar y está a todo lo que Fonseca le va mandando, repitiendo sus embestidas y llegando netamente al tendido las ansias del mejicano. Cuando se pasa la muleta a la derecha se queda en la cara del novillo que le arrea un tantarantán con el testuz, lo que acaba de ponerle en la órbita del público que ya está entusiasmado con las ganas y el empuje del muchacho, que decide finalizar con una verbena de bernardinas y manoletinas antes de fallar a espadas por dos veces y dejar una buena estocada arriba que tumba al toro sin puntilla.
Y tras esa apoteosis de alegría y juventud ahí vuelve Burdiel a rematar su tarde. Lo más sobresaliente es una clásica caída de latiguillo de Sandoval y el inicio de Álvaro Burdiel de su segunda faena, en los mismos términos que en la primera. Toreo de ventajas, una vez más, sin buscar la posición donde el pase es auténtico, hermoso y dominador, faena de dar pases y no de torear con un toro que habían dejado crudo en varas pero que tampoco se comía a nadie. Burdiel nos lega un doblón bueno y ajustado al final de la faena y después pinchazo y estocada bastante trasera. A ver si no le desgracian al chico los de siempre.
Torear, lo que se dice torear, no hemos visto, pero la verdad es que ver por fin a un novillero con las ganas y el valiente desparpajo de Fonseca nos ha arreglado la tarde.

Torear, lo que se dice torear, no hemos visto, pero la verdad es que ver por fin a un novillero con las ganas y el valiente desparpajo de Fonseca nos ha arreglado la tarde
ANDREW MOORE

LO DE SANTANA
LO DE FONSECA

LO DE BURDIEL

FIN
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