San Isidro’22. Enlutados Araúces de Robles para Adame, que no los vio; Moral, a gritos con ellos; y Téllez, primera muleta plana de la Feria y la mejor estocada. Márquez & Moore

El par de Fernando Sánchez
JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Hoy, lo mismo que ayer, otro minuto de silencio sin que las psicofonías de los altavoces nos aclaren quién o quiénes son los finados. Y por más que uno pregunta “¿hoy quién se ha muerto?” no encuentra a nadie que le responda con un nombre y apellidos o unas señas personales. La gente ya se ha acostumbrado a levantarse cuando casi todos los días se paran las cuadrillas y cesa la música y les importa un bledo que el difunto sea Agamenón o su porquero. Luego, a base de indagar nos enteramos que el fallecido es don Javier Araúz de Robles, ganadero de reses de lidia y natural de Molina de Aragón, padre del actual propietario de la ganadería a lidiar esta tarde. Las reses salen al ruedo con divisa negra, de luto por el amo.
Ya hemos dicho la ganadería, y ahora diremos los toreros que fueron agraciados en la rifa isidril de Plaza 1, que son Joselito Adame, Pepe Moral y Ángel Téllez. Con estas señas que se han dado ya se ve que el cartel es de los que le traen cuenta a la Empresa y, aunque la Plaza haya registrado una media entrada es cosa segura que el saldo contable no ha arrojado números rojos. Según los datos que proporciona la propia Empresa hubo más público en la novillada de ayer que en la corrida de toros de hoy, por si alguno quiere meditar algo al respecto.
La cosa empezó fatal. Sale Talador, número 27, feo, en tipo pero feo, badanudo y de poco culo, se da unas carreras y entra al penco de Óscar Bernal que cumple en la vara más que el toro y sale de ahí con una pata rota. Pañolada verde de don Jota, el Papá Noel de las orejas, y primera irrupción del espectáculo de don Florencio y sus bueyes amaestrados. Segunda apertura del portón de chiqueros y aparece Sombrerero, número 9, de la ganadería Chamaco, jandillas onubenses, que recibe una especie de vara asquerosa a la que el chamaco jandillero responde cayéndose, o como si dijéramos haciendo la famosa resistencia pasiva de Ghandi. Segundo esperpento en varas, nuevas caídas, segunda pañolada verde de don Jota y segundo acto del espectáculo de doma boyal de don Florencio. Media hora en la piedra llevamos y aún no ha salido el primero. Tercera apertura de la puerta del chiquero y ahí tenemos a otro nuevo jandilla chamaquero, Afanoso, número 1 que está aquí para quedarse y para huir lo suyo del capote y, sobre todo, de la puya. Pasa por las banderillas sin tener nada que decir y ya mismo está Adame echando agua a la muleta desde una botella de Solán de Cabras, inconfundible azul, agua que al ser baja en sodio no deja la muleta agarrotada. La faena del mayor de los Adame se basa en serie por la derecha, otra por la izquierda, otra por la derecha y otra más por la derecha con sus consiguientes carreritas, cites de pico y demás aditamentos harto conocidos de la afición. Con ese ramillete de ventajismo construye el mejicano una faena de un aire extremadamente pueblerino y deja en la parroquia la cabal sensación de que el toro se le va sin torear. Remata Adame su primera salida a la palestra con un pinchazo y una estocada baja.
Chicloso es el nombre del segundo de la tarde y el 39 su número herrado a fuego, galgueño y badanudo. Moral le recibe con cuatro capotazos del tipo mangurrino y en seguida pone al astado a disposición de los jinetes para que Carbonell le ponga dos varas traseras, ambas en el mismo sitio. Tras unas banderillas de puro compromiso y un brindis a un señor con un micrófono que andaba por el callejón, Pepe Moral se saca el toro hacia afuera a ver cómo se entiende con él, pero el toro es más de tablas y huida que de andar dando ocasiones a su matador, que también se emplea en esta tauromaquia por las afueras hecha a base de carreritas una y otra vez y, además, a la mínima oportunidad el bicho se escapa, con lo que no hay manera de establecer un diálogo entre Pepe y Chicloso. Cuando cierra al toro, más de lo mismo, pero al estar más en lo suyo el toro lanza un cabezazo con el que le quita la muleta. Por la izquierda el tal Chicloso ni se da por aludido y cuando Moral vuelve a la derecha el toro se va, por lo que el torero decide acabar aquello, que la cosa también va a tener su miga, con un pinchazo, media estocada contraria soltando la muleta y muchos descabellos.
El primer toro de los de Ángel Téllez, torero moracho al que el programa pone de madrileño, es Campiña, número 73, toro largo y sin cuajo, que entra con prontitud al primer cite del picador, romaneando, y también al segundo, empujando. De la cosa de las banderillas no diré nada porque aproveché para dar una breve cabezadita. Comienza el trasteo de Téllez con los mismos argumentos de cada día a excepción de lo del pico, que el torero se esfuerza en presentar la muleta más o menos plana, lo que constituye una gran novedad, pues en lo que va de Feria creo que es el primero que lo ha hecho. Lo más feo de Ángel Téllez es eso de andar a gritos con el toro, que yo no recuerdo un solo torero de los que a mí me han gustado, de los buenos, que anduviese con el toro como un albañil en un andamio a puro grito. Vamos a reseñar algunos naturales muy aclamados por el senado venteño que a mí me han parecido más bien como los de todos los días. No me llegaron al alma. Tras pinchazo y estocada baja Campiña se va a tablas y allí, flanqueado en el interior del callejón por los alguacilillos, don Francisco Javier a la izquierda y doña Rocío a la derecha dio Campiña el alma a quien se la dio.
Para mi manera de ver esto, el toro de la corrida es el cuarto, Carantoña, castaño bragado, número 63, un serio toro con morfología de saltillo salvo por la capa. De nuevo, como en el cuento de Monterroso, cuando despertó, Adame todavía estaba allí. En lo de las varas empezamos con muy buen pie, pues Carantoña echa al suelo al caballo y al picador Manuel Bernal con enorme facilidad, saliendo del encuentro sin quedarse y luego se deja pegar, saliendo suelto de la suerte. Le pone en dificultades a Fernando Sánchez, que cobra un par de gran exposición y torería. Lo que hasta este momento se ha visto es un toro muy vivo y con una embestida vibrante. Al borde de las tablas le cita Adame para darle un ayudado por alto, el Celeste Imperio del Divino Calvo, y el toro entre la muleta y el torero se decide por el segundo, propinando un fortísimo golpe al matador. Se comprende que Adame lleva un golpe morrocotudo cuando vuelve a empezar su trasteo en el que da distancia al toro y le va haciendo su toreo que sirve para ir poniendo en evidencia las virtudes del toro, un toro de lidia no una mascota, y dejando la sensación de que es toro de gran faena de las de orejas de peso en Madrid, de las de reventar la Puerta Grande, aunque Adame no sea capaz de echar a rodar esa bola. La faena no es que sea a menos es que es puramente plana, que el toro se le va lo sabe él como lo sabemos todos y decide acabar en plan feísta con las manoletinas nuestras de todos los días. Hay que decir que hubo muchos que disfrutaron con las evoluciones del torero. Lo despachó de un pinchazo y una estocada baja y se pegó una vuelta al ruedo.

Pepe Moral en su segundo, Chirivito, número 14, dio una cierta medida de su impotencia. Principió de rodillas y siguió erguido con muchos enganchones tanto con la derecha como con la zurda, sin pillarle el aire al toro. También anduvo Pepe Moral a gritos con el toro, sin que esto le sirviera de nada en sus modos toreros influidos fatalmente por la escuela julera. Al toro lo picó Francisco Romero como si estuviese en un combate de pressing catch de dos rounds. Varela dejó dos banderillas en tres pasadas. Una estocada baja sirvió para poner final al paso de Pepe Moral por la Feria.
Cuando salió Vicuña, número 45, muchos ya se habían ido de la Plaza, que mientras la corrida se alargaba unos iban a perder el autobús, otros llegaban tarde a la cena y los de más allá ya estaban hartos. El toro se emplea en la primera vara, en la que recibe poco castigo de Marcial Rodríguez y, aunque algo tardo, acaba entrando y empujando en el segundo convite. Ángel Téllez lleva en la mochila las monsergas propias del neotoreo, que de eso no se libra nadie, pero se le ven ganas de desarrollar lo suyo citando de lejos y presentando de nuevo la muleta de manera ortodoxa, con lo que deja un sello que se aparta un poco del fastidioso toreo de todos los días. Remata Téllez su labor con una estocada muy buena de ejecución y de colocación, acaso la mejor de lo que va de Feria.
La corrida en su conjunto, entretenida tarde de toros, estuvo bastante por encima de lo que la mayoría nos imaginábamos que podría ocurrir con el cartel anunciado y, la verdad sea dicha, es un gusto equivocarse.
Adame atropellado por Carantoña, el toro de la corrida

ANDREW MOORE

LO DE JOSELITO ADAME
LO DE PEPE MORAL


LO DE ÁNGEL TÉLLEZ
FIN
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