San Isidro’22. ¿A qué algoritmo se le ocurre poner una corrida de Algarra con Román, Caballero y Miranda jugando el Real Madrid la Final de Champions? Márquez & Moore

El trompazo de Caballero

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Hay días como el pasado viernes en que ves en las taquillas que han puesto un cartel que dice “No hay billetes” y hay otros días, como hoy, en que tenían que poner uno que rezase: “Se regalan billetes”. No somos capaces de ponernos en la mente del algoritmo programador de la Empresa que gestiona los designios del vertedero de Las Ventas a la hora de idear que el mismo día de una final de la “Champions” con el Real Madrid de por medio, había que programar una corrida de toros. Hay que ser muy, pero muy algoritmo para tener esa idea. ¿Qué podría salir mal? El caso es que, según me cuenta un señor muy familiarizado con los asuntos de la reventa y de los cajones del 20%, hoy se regalaron cientos de entradas, tantas como para llenar los tendidos altos y bajos del 6 y del 5, la plena solanera, y la prueba de que hubo regalo masivo es que estaban ocupadas las localidades caras de los tendidos mientras que las más económicas, las de las gradas y las andanadas estaban prácticamente vacías.
La cosa ganadera venía hoy avalada, tal y como manda la diaria tradición, por un importante aviso, insertado en la página 7 del programa según el cual “Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio compró a principios de 1930 la ganadería del Duque de Veragua…”, que ya la podía haber comprado don Santiago Bernabéu, en esa época Secretario del Madrid, y haber lidiado los toros con divisa blanca, como los antiguos de Raso del Portillo. La ganadería anunciada para hoy era la de don Luis Algarra Polera, a quien desde aquí felicitamos si es cierto, como nos cuentan, que ha finalizado su relación de parentesco político con el mamarracho audiovisual. Desde La Capitana mandó don Luis a Madrid un encierro que pareció chico de tamaño y en algunos casos algo debilucho, pero con su picante y su interés. Es verdad que éste no es el “Toro de Madrid” por el que clamaba el otro día una enorme pancarta desde el tendido 7, pero en su descargo diremos que esta corrida ha salido con más interés que otras de la Feria, por variedad de comportamientos, y si hablamos de pesos, esta arroja un promedio de casi 553 kilos y la de su toma de antigüedad, San Isidro de 1983, 526 kilos, en plena “era Chopera” del toro grande, que decían los escribidores. Tampoco es que nos vayamos a batir en duelo por los Algarra, y si alguien estima que eran unas cabras anovilladas impresentables para Las Ventas, esa opinión también vale.
En la parte de los que se ponen un postizo que simula una coleta teníamos hoy a Román, Gonzalo Caballero y David de Miranda, bien conocidos de la afición. Al romperse el paseíllo, los imprescindibles aplausos para hacer salir a saludar a uno, en este caso a Román, que invita a los otros a acompañarle, declinando Caballero la invitación.
La tarde empieza arriba con un derribo de Retozón, número 8, al camión de ladrillos sobre el que montaba Santiago Morales. Tal y como suele ocurrir el caballo se llevó la mejor ovación de la tarde al ser puesto en posición vertical por la grey monicaca. La segunda vara explicó lo del derribo en la primera al dejarnos ver que el piquero no está ni para aprobar el examen de jinete. Lo que sí se va percibiendo a medida que avanza la lidia es que el toro tiene unas excelsas condiciones repetidoras y humilladoras. En las fases del inicio de la faena Román le pone de largo a su cite, al cual acude con alegría y sin poner de manifiesto maldad o recelo sobre el juego que se le propone con la muleta. El toro va y va y Román va desgranando su tauromaquia festivalera y optimista, ayuna de drama. Hay un momento en que al toro ya se le ve como harto de tener que ponerlo todo él y comienza a pararse entre pase y pase, como para dejar en evidencia la exigua consistencia del toreo de Román. Si decimos que estuvo por debajo del toro no mentimos. Tras una estocada trasera y tendida el toro se echa y las gentes se ponen a pedir la oreja, petición que es atendida por el Senado del Palco, presidido por don Ignacio Sanjuán. Ésa va directamente dedicada a los que criticaban la de Téllez.
El primer vis a vis de Gonzalo Caballero y Recauto, número 31, no puede ser más desafortunado: el torero le cita y cuando entra en jurisdicción el toro le hace un extraño y se le echa a los lomos, le golpea con la barrera y da la impresión de que le ha calado. Tras unos momentos de confusión con amago del toro de volver a por más, de cabeza al callejón y allí a tratar de reponerse del trastazo. Pone el toro también en dificultades a “Jabato hijo” en un fuerte arreón que el picador es capaz de gestionar con oficio y bravura sin que el toro llegue a echar al suelo al descomunal penco ni a su jinete. Hace hilo Recauto a “El Algabeño” cuando le clava por el derecho siguiéndole hasta el burladero del 9 y se queda parado por el izquierdo cuando Fernando Sánchez le cuartea en corto. También parece que quiere repetir la monería en la segunda entrada a banderillas por el derecho, pero en seguida se entretiene con un capote. El toro no tiene la claridad del anterior, presentando más complicaciones y Caballero, entre el golpazo y que no lo ve claro, no es capaz de sacar la artillería que el toro demanda. El toro está poco quebrantado y a Caballero le cuesta igualarle. Cuando lo consigue le deja una haciendo guardia y otra entera.
Casi lo mejor de la tarde han sido las verónicas y la media verónica con las que David de Miranda ha recibido a Recauto, número 31, toro bastante cobarde para el asunto caballar. No sabemos qué le ha podido pasar a Jesús Arruga a la salida de su par, pero ha ido cayéndose todo el tercio adelante y a toda velocidad, que parecía que se iba a estrellar contra la barrera del 10. Mientras el solícito Gerente Abellán acompaña hacia la enfermería a Arruga por el callejón, David de Miranda despliega un aire de cierto gusto en sus maneras y, sobre todo, mucha parsimonia. Una vez que comienza su trasteo se encuentra con la dificultad de lo blando que está el toro aunque comienza desplegar una panoplia de pases sin alma que se interrumpen cuando el Algarra cae al suelo. Continúa David de Miranda su labor de acompañamiento, que no de toreo, hasta que el toro le arrebata la muleta de un cabezazo. Tras algunos pases más del mismo jaez decide amargarnos la tarde con las bernardinas, dos y trompicado, luego otra u otras dos. Son las 8:13 de la tarde y una voz conocida grita “¡Gol del Madrid!” como para dar el pistoletazo de salida a una huida masiva en el conjunto de la Plaza.
El segundo de los astados apartados para Román es Peletero, número 19, que lo primero que hace es quitarle el capote. Luego, cuando Peletero se estrella contra el Monte Santa Elena sobre el que cabalga Manuel Jesús Ruiz se emplea con ganas, recibiendo hierro a modo en el primer encuentro y nada en el segundo. Buen par de Chacón. Cuando Román se va a los medios a brindar asoma de pronto Vicente Ruiz “El Soro” con una trompeta al lado de la banda, en el palco 29, y le toca una melodía votiva, que deben ser amigos. El castaño es un rato exigente y Román, con toque de trompeta o sin él, no está dispuesto a darle la fiesta que el bicho está pidiendo y se dedica a pajarear sin asumir riesgos laborales y dejando una impresión poco positiva, en un derrote el animal le quita la herramienta, aumentando su desconfianza, por lo que abunda en su trasteo light en el que no manda y no quebranta. Cuando parte a por el estoque Chacón aprovecha a pegarle al toro cuatro lances de mucho quebranto, para echar una mano al matador que cobra media estocada con la que el toro se va hacia el tercio a morir tragándose la muerte hasta que se desploma sin puntilla. Antes el toro cazó al torero dejándole un puntazo en el gemelo. Toro con mucho que torear, para jugársela y para triunfo de importancia.
Tras las consabidas cucamonas de los mulilleros a la caza de la propina si hubiese orejilla, que no hubo y se quedaron sin prima, salió a escena Torrecillo, número 37 a recibir la ración de puya de manos de Manuel Cid y, como curiosidad de las que le gustan al enciclopédico aficionado Juan Salazar, dejaremos anotado que en la corrida que Algarra tomó antigüedad, en la cuadrilla de José Antonio Campuzano y también de segundo estuvo Eduardo Cid, padre de Manuel, que el tiempo se nos pasa volando. Manolo Cid pica poco y mal a la primera y traseramente a la segunda, que hoy no era su día. En banderillas, un desgarrador par de Fernando Sánchez que se arranca en corto como suele, dando ventajas al toro y a favor de querencia y en el momento de clavar, el toro le ha ganado terreno y clava el par sobre el pitón izquierdo de manera muy comprometida y torera. La segunda salida a escena de Caballero se mueve en las mismas coordenadas que la primera en cuanto a torear por las afueras, por la banlieue. En esta ocasión va saliendo a susto por tanda y manda al tendido, pleno de partidarios, la sensación de que no hay Plan Director, vamos, que ahí estamos todos a ver qué pasa, y lo que pasa es nada. A las 9 en punto dobla el toro y se produce una huida más masiva casi que la que hubo a las 8. Sólo los muy recalcitrantes se quedan a ver las pintas de Tentador, número 27 a quien banderillea Fernando Sánchez con su facilidad de siempre por la lesión de Arruga. En esos momentos ya la Plaza no está más que para irse y David de Miranda trata de atraer la atención proponiendo un pase cambiado por la espalda en los medios, como aquel día de hace tres años, pero esta vez cuando el toro llega el torero se aparta un poco y ya, desde esa renuncia, sabemos que no va a haber cera alguna que arda. De Miranda se pone muy por afuera todo el tiempo y aunque quiere ponerse así como solemne en su manera de andar por la Plaza no consigue transmitir otra idea salvo la de que estamos contemplando a un señor trabajando. El toro suelta de vez en cuando sus cabezazos que frustran los intentos del matador y en suma su trasteo nada dice y además, por qué no decirlo, es un poco pesado, especialmente con lo de las bernardas, como queriendo recuperar aquel día de hace tres años. Con un pinchazo y un bajonazo termina con la vida terrenal de Tentador y antes de que doble huyo de la Plaza, que he quedado a cenar y llego tarde.
El puntazo de Román
Las que entran por las que salen
ANDREW MOORE
LO DE CABALLERO
LO DE ROMÁN
LO DE MIRANDA


FIN
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