San Isidro: Para ti, César Palacios / por Antolín Castro

 

César Palacios, y su esposa Lola, en la inauguración del azulejo en su nombre

Una vez más, mi sincera admiración para ti
 y para tu obra, César Palacios.

San Isidro: Para ti, César Palacios
Madrid, 16 Mayo 2022
Mi estimado amigo y mi muy admirado dibujante y pintor, para ti van estas letras del día de San Isidro.
Si por la mañana en la sala Bienvenida se celebró un merecido homenaje a tu vida y a tu obra, he querido que mi homenaje tenga continuidad con lo sucedido en la tarde y en ese ruedo venteño que tan bien conocías.
Además, era el primer día del Santo Patrón que nos faltabas en la plaza, esa plaza de Las Ventas de Madrid, que sin ti casi no se puede ni reconocer, por ello quiero contarte lo que allí aconteció, en la seguridad de que tu pluma, tus lápices y pinceles, allá en el cielo, sabrán encontrar motivos suficientes para plasmar los momentos, ya sean bellos, épicos, o esos otros que levantan emociones y que, en esta tarde, más isidril que ninguna, han tenido lugar.
Ya te digo que la tarde no ha sido completa, ni mucho menos, pero puedo asegurarte de que ha tenido mucho, bastante, de lo que tú hubieras plasmado en tu cuadernillo durante el festejo, allí abajo, en tu burladero del siete.
Quizá, y voy a empezar por lo más duro, te hubiera tocado dejar dibujada la gallardía, el valor, el coraje, ese del que hacen gala los toreros cuando son heridos, y con una dignidad que asombra, se mantienen en pie, acaban con el toro agresor y se van despacito hacia la enfermería con el muslo atravesado y la sangre corriendo desde su muslo hasta la zapatilla. Ese fue Ginés Marín en su primero. Tú habrías dejado plasmada la hombría de ese torero con la maestría de quien también en ocasiones hubo de llevarlos en volandas a la enfermería. De esos momentos viviste muchos y sabes que esa moneda, a veces, hay que pagarla.
Después, he de hablarte de los momentos emocionantes que pudimos disfrutar en la suerte de varas, esa suerte tan olvidada. Sin duda, también habrías dibujado el romaneo que varios toros de El Parralejo les hicieron a los caballos de picar. Momentos llenos de emoción, esos que, por tan poco vistos últimamente, las hojas de tu cuadernillo habrían recogido con toda seguridad.
Uno de los muletazos de Curro Díaz
También hubo momentos bellos, y los más bellos surgieron de las muñecas del torero de Linares, Curro Díaz. A derecha e izquierda aparecieron muletazos de buen trazo -de buena caligrafía diría el recordado Jorge Guevara-, y cómo no, y por supuesto, el bello toreo a dos manos que tanto prodiga el linarense y que hace que dibujantes y pintores queden atrapados para conjugar la inspiración torera y trasladarla a las telas o al papel.
Álvaro Lorenzo también dio motivo para dibujarle alguno de sus muletazos o aquel cite con el ‘cartucho’ en la izquierda desde los medios para sacarse el toro ‘volando’ por detrás. La imagen del cite era para dibujarla, aunque no lo fuera el resultado final. Tampoco las estocadas de Curro a los toros de su lote fueron para plasmarlas con aquellos derrames, pero sí la estocada con la que remató la faena al de Marín.
Por plasmar, por supuesto, se pudo también dejar constancia de las vueltas al ruedo del linarense y el toledano con un apéndice en la mano cada uno, así como el griterío de aquellos aficionados que no estaban conformes con los trofeos otorgados. Esta es otra de las gráficas que Madrid suele ofrecer con las visibles protestas de sus aficionados.
Foto: Alfredo Arévalo
En cuanto a los sentimientos, los hubo paternofiliales en dos versiones. El padre de Ginés, picador de su cuadrilla, besando al hijo héroe camino de la enfermería y el brindis de Curro a su padre en el siguiente toro. Y es que los padres de los toreros fueron quienes transmitieron los genes para que sus hijos hayan llegado a héroes y artistas.
Una vez más, mi sincera admiración para ti y para tu obra, César Palacios.
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