San Isidro: Ni cultura, ni mano a mano… / por Antolín Castro

Talavante

«…un fiasco total. La empresa nos engañó con anunciar la corrida como ‘de la cultura’, salvo que fuera intencionadamente para con la cultura de la medianía. También nos engañó anunciando un mano a mano imposible. Ni hubo pelea ni podía haberla con dos estilos no guerreros…»
San Isidro: Ni cultura, ni mano a mano…

Madrid, 14 Mayo 2022
Así fue el festejo programado para el día 13, ni cultura, ni mano a mano, ni casi nada.
Debuté en la plaza en directo tras el trancazo, y lo mejor de la tarde fue no tener que escuchar a los comentaristas de la tele. Luego, casi no vimos nada de nada.
Y en ese casi no crean que vamos a necesitar muchas líneas:
Un par de series con la diestra de Talavante cuando se centró con su segundo, el de Vegahermosa, y los lances de recibo de Ortega a su primero. Con qué poco hubimos de conformarnos.
Eso sí, hubo una oreja de las de ahora para el extremeño, para así contentar a los que de esa forma cuentan las tardes de toros.
Por lo demás, un fiasco total. La empresa nos engañó con anunciar la corrida como ‘de la cultura’, salvo que fuera intencionadamente para con la cultura de la medianía. También nos engañó anunciando un mano a mano imposible. Ni hubo pelea ni podía haberla con dos estilos no guerreros.
Hubo un fiasco más y ese fue al romperse el paseíllo. La afición comenzó a aplaudir y el ego fue haciendo de las suyas. Talavante pensó que la ovación era para él y saludó entre quienes se apuntaron a la ovación porque sí y los que le decían que no era para él. Alguna razón tenía para pensarlo al regresar a Madrid tras unos años de descanso y, consecuentemente, se llevó su parte.
Extrañados los actuantes con que la ovación continuara, se hizo presente Juan Ortega -éste sin saberse bien por qué-, y otra vez hubo ruido de disconformidad. Se necesitó que los promotores de la ovación corearan el nombre de ¡Álvaro, Álvaro…! Entonces ya se entendió todo y, de forma insólita, hubo de recoger la ovación quien días atrás, actuando de sobresaliente, hubo de hacerse con la lidia y muerte de cinco toros.
Y esa fue, en este festejo, toda la presencia de Álvaro de la Calle, a quien sus ‘compañeros’ no le invitaron ni a hacer un quite. Así está la solidaridad y el reconocimiento entre los toreros. Ni mano a mano ni una mano tendida para quien el público había ovacionado como protagonista, no solo en su función de anónimo sobresaliente.
Los toros de Jandilla dieron para poco, para nada. Más allá de su justa presentación, estaban vacíos por dentro, moruchos a precio de toros bravos. Se salvó el remiendo de Vegahermosa, misma procedencia, aunque distinto comportamiento, que allá cuando caminábamos a la mitad del festejo nos dejó ver un poco lo que es un toro embistiendo.
La cultura de la oreja sí estuvo presente
Alejandro Talavante no dejó buenas sensaciones precisamente, a pesar de las series citadas y la oreja, le vimos lejos de la imagen que nos dejó hace unos años cuando decidió descansar. Demasiado previsible todo cuanto hizo o intentó, muy lejos de la frescura que exhibía en aquellos años pasados.
Juan Ortega está descolocado. Es imposible que su toreo se encuentre a diario con aquellos dos toros que le abrieron el camino. El conjunto de sus actuaciones, Sevilla de igual modo, se compone de querer administrar el toreo que practica y lleva en la cabeza sin aderezarlo de ningún otro recurso. El resultado es visible, tal parece que es la apatía la que le envuelve, en lugar del interés por la pureza que quiere exhibir.
La empresa nos coló un mano a mano para cubrir puestos o dineros con dos toreros a los que querían colocar bien, pero se olvidó -no es la primera ni será la última vez- de que el destinatario final de un cartel es el aficionado y a ese no se le puede vender una cultura y un mano a mano basado en soluciones políticas y/o de despacho. ¡Qué incultura!
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