Rubi, Geri y el gris legal / por Juan Manuel Rodríguez

«A ver, Rubi«, dice Piqué, «si es un tema de dinero, si ellos (por el Real Madrid) por 8 irían, hostia tío, se paga 8 al Madrid y 8 al Barça, a los otros se les paga 2 y 1… son 19, y os quedáis la federación seis kilos, tío. Y apretamos a Arabia Saudí y a lo mejor le sacamos… le decimos que si no, el Madrid no va… y le sacamos un palo más o dos palos más».
Rubi, Geri y el gris legal
Madrid, 18/4/2022
Lo primero que querría hacer es constatar que, en previsión precisamente de lo que pudiera suceder y que hoy finalmente ha acontecido, la Federación Española de Fútbol denunció hace cuatro días la sustracción de documentos y conversaciones privadas. El ataque informático, según se explicó, habría afectado a los terminales privados de Luis Rubiales y de Andreu Camps, que es el secretario general federativo. Los hechos fueron puestos en conocimiento de la Policía Nacional, que a buen seguro estará ya sobre la pista del ladrón, y desde el máximo organismo del fútbol español se constataba la acción criminal organizada dirigida a la posterior revelación de secretos mediante la distribución de documentación confidencial. Yo lo que espero es que se dé cuanto antes con el pirata informático y que la Justicia le ponga en su sitio.
Y sobre esto poco más puedo decir al respecto salvo que, como periodista, a mí me da exactamente igual el motivo por el cual haya filtrado el filtrador, si es por una venganza personal, un despido o porque alguno de los implicados le robó una novia; me dan igual sus motivos, no así su modus operandi, que insisto en que es ilegal y denunciable, que es lo que ha hecho la Federación. Salvo que los sonidos de la conversación estén manipulados, y creo que no es el caso, lo único que el periodista debe hacer es determinar si son o no relevantes: José María Olmo, compañero de El Confidencial, ha respondido «sí» a esa cuestión y yo, humildemente, coincido con él: son relevantes. Lo son porque no afectan a la esfera íntima de ninguno de sus protagonistas sino a su cara pública y a la gestión que de un ente tan potente como la Federación se hace por sus responsables. Gestión, en mi opinión, legal, sí, pero éticamente reprobable en algunos aspectos.
Nada de lo revelado por El Confidencial me sorprende. Sin audios por medio, San Luis Rubiales tuvo la cachaza de justificar la presencia de la Supercopa de España en Arabia Saudí bajo el peregrino argumento de que así se defendían los derechos universales del hombre. De ahí para abajo. Sí me sorprende, sin embargo, el tono empleado por Rubiales («Rubi» para Piqué) y Piqué («Geri» para Rubiales), que denota un compadreo que, siendo Gerardo jugador del Barcelona y presidente del Andorra, quizás debiera preocupar al resto de clubes de fútbol: «A ver, Rubi», dice Piqué, «si es un tema de dinero, si ellos (por el Real Madrid) por 8 irían, hostia tío, se paga 8 al Madrid y 8 al Barça, a los otros se les paga 2 y 1… son 19, y os quedáis la federación seis kilos, tío. Y apretamos a Arabia Saudí y a lo mejor le sacamos… le decimos que si no, el Madrid no va… y le sacamos un palo más o dos palos más»… Hombre, Rubiales, legal seguro que es legal, pero muy edificante no parece la conversación, ¿no? Y por otro lado, Geri, ¿cómo era aquello de los hilos y del palco del Bernabéu?
Tan cierto es que la Federación no pagó ningún dinero a la empresa Kosmos como que Rubiales está en contacto empresarial directo con Piqué, que es futbolista de un equipo de la misma competición que organiza Rubiales, o sea la Liga. Y luego está el asuntillo ese sin importancia del Andorra: meses después de estas conversaciones desveladas por El Confidencial, el club de Piqué compró la plaza en Segunda B que dejó vacante el Reus gracias a una interpretación muy polémica del artículo 194 del Reglamento General; tan polémica fue que el Hospitalet reclamó y ProLiga recurrió aquella decisión. Legal seguro que es todo legal y, además, lo aprobó la Asamblea. Recuerdo que cuando a Ángel María Villar le pillaban en algún renuncio, él siempre decía lo mismo: «Está aprobado por la Asamblea». Sí, claro, lo había aprobado todo la Asamblea que controlaba Villar y que ahora controla Rubiales. Insisto en que es todo legal pero, ¿qué estarán pensando los dueños, jugadores, cuerpo técnico y aficionados del Atlético de Madrid acerca de que Rubiales bromee con Piqué, jugador del Barça, a propósito de quién va a ganar la Liga? Dice Rubiales: «Dice Tomás que la Liga la va a ganar el Atlético… pobrecito». Pobrecito Tomás, que pensaba que el Atlético podía ganar la Liga. Porque, claro, no podía ¿no? No podía ganarla, ¿verdad? ¿Y por qué no podría el Atlético de Madrid ganar aquella Liga? ¿Alguien lo entiende? ¿Me lo puede explicar alguien? ¿Me lo puedes explicar, Luis Rubiales?
A cualquiera de nosotros nos hundiría WhatsApp, a cualquiera. La conversación privada entre Rubiales y Piqué pirateada ilegalmente y desvelada lícitamente por El Confidencial no revela nada ilegal pero es éticamente fronteriza y denota un claro conflicto de intereses por un doble motivo, porque Geri es uno de los capitanes del Barcelona y porque cualquiera podría deducir que, gracias a la gestión de Kosmos, la Federación quedó en deuda con el jugador. Había tal pastizal en juego que es posible que ninguno de los dos, ni Rubi ni Geri, valorara la importancia que tiene evitar que alguien sospeche, y hoy, ahora, en España, la mayoría de aficionados sospechan. Ya digo que la organización de la Supercopa a miles de kilómetros de España, imposibilitando la presencia de los aficionados de los equipos implicados salvo que fueran millonarios y en un país que no respeta los derechos humanos, venía de nalgas. Mucho mejor que yo lo explicó hace poco Raúl García. De ahí para abajo. Desde la Federación se insiste en la legalidad y yo creo que es legal porque lo ha aprobado una asamblea que controla el presidente. 
Es indiscutiblemente legal pero se puede dudar de su ética. Y todo esto dejando a un lado el uso que de la marca Real Madrid se hace en las negociaciones. Cuando Luis Rubiales llegó a la Federación lo hizo bajo la promesa de convertirse en Mister Proper. Me acuerdo de aquel anuncio: «Mister Proper, qué limpieza, todo brilla y te refleja»… Hoy sólo brillan las dudas y únicamente se reflejan las sospechas, que eran fácilmente evitables. El negocio fue redondo pero no hay brillo por ningún lado, es todo mate y muy gris. Gris legal, sí, pero gris al fin y al cabo.
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