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México. Tarde redonda de Juan Pedro Llaguno, que se apunta a los gallos mexicanos / por Jorge Eduardo

Juan Pedro Llaguno en el par al quiebro
El preámbulo de la faena fue un pinturero recorte para dejar en suerte a la res frente al piquero. Continuaron unas soberbias chicuelinas, antes de un emocionante tercio de banderillas cubierto por el propio novillero, del que sobresalió un comprometido recorte antes de clavar en la misma cara del burel. 
Tarde redonda de Juan Pedro Llaguno, que se apunta a los gallos mexicanos
México, 6 Diciembre 2021
La pasada novillada impuso auténticos récords en la historia reciente de la Plaza México: tres buenos novillos y una faena para el recuerdo.
De plácemes estuvo la afición capitalina, pues después de una prolongada cuarentena por fin vimos una faena. Lo trágico del asunto es que ya estábamos en cuarentena de emociones desde bastante antes de que comenzara la crisis del Covid, y tras la reapertura pasaron cuatro festejos antes de que pudiéramos congratularnos de que vimos cuajar un toro.
Haciendo memoria, si no fuera por José Mauricio y Ferrera, la sequía sería de proporciones bíblicas. Hoy por fin se rompió la afición, que rozó el frenesí con la labor de Juan Pedro Llaguno. Estamos tan desacostumbrados a emocionarnos, que en más de un pasaje el tendido perdió la compostura, solicitando premios desproporcionados tanto para el ganado como para los toreros. La autoridad estuvo sorprendentemente a la altura, evitando tales desfiguros.
El primer utrero del encierro de Caparica, que fue terciado de presentación y juego, tuvo acometividad y cierta repetición, aunque sin clase ni largueza en la embestida. José Miguel Arellano le tomó la distancia con prontitud, y le ligó algunos pases, sobre todo con el pitón derecho. No obstante, además de torear muy desajustado, lució acartonado e incapaz de llegarle al público. Anda bastante mal con el estoque, aunque con el descabello se mantiene a flote. El juez de plaza dijo presente con un arrastre lento por demás exagerado. Víctor Moreno y Carlos Domínguez protagonizaron un gran tercio de varas.
Con el cuarto las opciones de triunfo se redujeron al mínimo, y los asistentes le recriminaron su mal manejo de los alfanjes tras dos avisos. Nuestros amigos de la cuadra de caballos nos dieron un buen susto en el primer tercio de la lidia.
Juan Pedro Llaguno se llevó el gato al agua en una tarde contundente, que le valió el reconocimiento unánime de la Plaza México. En primer término se las vio con «El 17», un novillo mal presentado, pero que atesoró un lado derecho bastante potable, con mucha nobleza y calidad que el queretano supo llevar a más. Ya desde su intervención en quites en el toro de Arellano dijo ahí les voy, con una fregolinas de agasajo capotero. Tersas, suaves, jugando perfectamente las manos en un lance particularmente complicado.
El preámbulo de la faena fue un pinturero recorte para dejar en suerte a la res frente al piquero. Continuaron unas soberbias chicuelinas, antes de un emocionante tercio de banderillas cubierto por el propio novillero, del que sobresalió un comprometido recorte antes de clavar en la misma cara del burel. Debió poner un par más, en virtud de que en el segundo viaje solo un palitroque quedó clavado, pero en los listones de la divisa y no en las carnes de «El 17».
La situación se elevó a muchos grados de tensión durante un entonadísimo trasteo derechista en el que hubo mando, ligazón, buen gusto, largueza, temple, variedad, y emoción. Juan Pedro hizo gala de su cintura rota, sentado en los riñones, vaciado y abandonado, emborrachado de torear, y los tendidos en pie, como accionados por resortes en sus asientos. Hacia el remate con una desmayada arrucina, la faena estaba en su punto álgido, perfectamente consumada, y el público entregado.
Si una mácula tuvo la labor del joven Llaguno, fue que se pasó claramente de faena. Una pieza que pudo tener proporciones perfectas de terminar en el momento preciso, decayó durante un apéndice de tres tandas completas que añadieron poco a la historia, más los pases de frente por detrás de rigor. El novillo, que tuvo un excelente lado derecho, pero ni un muletazo por el izquierdo, ya había dado de sí. Se desató entonces una absurda petición de indulto, que Juan Pedro desoyó con torería y estatura taurina. Parecía que todo quedaría en una oreja, pero el rubio espada devolvió la emoción de golpe y porrazo con una gran estocada en los rubios mismos. Doble premio para el torero, y justo arrastre lento para los despojos del cornúpeta.
Con el quinto novillo de la tarde, uno parado y peligroso, el queretano se agigantó taurinamente en un colosal par al quiebro por los adentros, que si bien quedó contrario, no desmereció el momento de emoción desbordada. En el último tercio estuvo dispuesto, aunque harto pronto quedó claro que no sería ocasión de un triunfo grande. Serio y cruzado, aguantando y porfiando, y el público reconociendo. La lista de novilleros mexicanos en gran momento se abulta, y a partir de este domingo debe figurar muy alto en ella Juan Pedro Llaguno.
La inclusión de Juan Alberto Ortega en el cartel aportó más bien poco. Pero sirvió para recordar el estado de cosas en la fiesta, y la importancia que tienen ciertos apellidos para conseguir oportunidades. Retorcido y desajustado hizo una labor anodina con el tercero de la tarde.
El sexto le dió dos zarandeadas tremendas, la segunda producto de la incapacidad de las cuadrillas de quitar al toro, y el desorden en que lo hacen. Al final se llevó al novillo el padre del torero, que casi sufre otro accidente al trompicarse. Nada tiene que hacer en el ruedo. El público se puso de dulce, y coreó una labor desordenada con el novillo más bravo del encierro. De nuevo apareció una petición de indulto digna de plaza de carretones, y aunque se tomó su tiempo, Ortega se tiró a matar dejando una estocada entera y trasera, de rápidos efectos. La autoridad denegó correctamente, tanto la petición de indulto, como la de la segunda oreja.
Los planes anunciados por la empresa concluyen el próximo domingo, con la corrida guadalupana. Los maltratados tendidos del coso monumental recibirán una multitud para ver a Morante y a Ferrera, con su mala iluminación y su sonido local ininteligible. ¿Y después? No lo sabemos, pero considero que no debe quedar ahí el esfuerzo que se ha hecho. Menos aún cuando está en pleno rodaje una sólida camada de novilleros. A Miguel Aguilar y Juan Pablo Llaguno, bien podría unírseles Isaac Fonseca, que ya está en México. ¿Vale la pena soñar con esa tercia, o será mejor despreocuparnos y dormir en nuestros laureles?
Hablando de Isaac. El sábado 4, el grupo taurino Bravura y Duende tuvo a bien invitarme a participar de la recepción que hizo la afición capitalina al torero michoacano. Fue una linda velada, en la que los aficionados tuvimos ocasión de reconocer la gran temporada española de Isaac, y de arroparlo como, esperemos, pueda replicarse pronto en una plaza de toros.

Galería de fotos en #LaSuerteSuprema: 
Video de la transmisión del evento con Isaac Fonseca: https://fb.watch/9HX6A89-Or/
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