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México. En la corrida de rejones, ¿Llevando la fiesta al futuro? / por Jorge Eduardo

René Tirado en la pega del cuarto

Preferiría preguntar ¿Por qué vino tanta gente al festejo, a una plaza que ha tenido una relación más bien fría con el toreo a caballo? Recientemente quedó claro que ni siquiera los rejoneadores extranjeros, como el originalmente anunciado Andy Cartagena, tienen tirón de taquilla. Si el próximo domingo se anunciaran de nuevo a los tres caballistas mexicanos, ¿Volvería la misma cantidad de gente?
En la corrida de rejones, ¿Llevando la fiesta al futuro?
El exitoso festejo de rejones del domingo pasado nos deja con más preguntas que respuestas.

Bastante más de un cuarto de plaza, unas quince mil personas, cubrieron los tendidos de la Monumental. Es decir, un lleno en cualquier plaza española, salvo alguna excepción. De nuevo un público variopinto, que es muy bienvenido, se hizo sentir con su condescendencia hacia el espectáculo que se les ofreció, más que con su militancia por él, que conllevaría otro grado de exigencia. Esta masa llegó al éxtasis en pocas ocasiones, apenas en algunos momentos de apremio de los rejoneadores, y sobre todo durante las actuaciones de los forcados.

Cuatro pegas de primer nivel marcaron al festejo. Los Forcados Amadores de México deben contarse, sin dudas, entre los mejores del mundo. Y cómo no, si conjuntan los esfuerzos, hace un tiempo dispersos, de la intensa actividad pegadora que se vive en México. Total, una encerrona al mismo tiempo que actuaron también en Cadereyta, Nuevo León. Sin duda una fecha sobresaliente para tal actividad en México.

La primera pega, por el forcado de cara Carlos Tirado, fue aguantando tremendos extraños. La siguiente se consumó al segundo intento, tras sobresaliente esfuerzo del cara Jorge Fernández, y de sus ayudas. La tercera debió hacerse también en terrenos muy cortos, aguantando otra carretada de extraños, antes de que rabillara lucidamente el forcado Juan Pablo Calderón.

Al cuarto de la función lo pegó René Tirado, el inmenso chaparrito que es todo corazón, no solo de los grupos en los que participa, sino del oficio de forcado en México. Taurinamente enorme como es él, cuajó tremenda pega, la más de largo de todas, con el toro embistiendo apenas les vio en formación, sujetándose en grande para tener a sus pies una vez más a la Monumental de México. El sinaloense es una de las figuras del toreo que tiene nuestro país. Un vino que se añeja con finos aromas, tras veintitantos años recibiendo porrazos en los ruedos.

Las pegas al quinto y sexto, no por menos vistosa una y problemática la otra, fueron menos meritorias. Se encargaron de ellas los caras Juan de Dios Corona y Jaime Guerrero.

Los rejoneadores mexicanos, por su parte, estuvieron en su tono habitual de monotonía y de cortas miras taurinas. En esta ocasión, con todo merecimiento, hay que rescatar a un Jorge Hernández Gárate que puso toda la carne en el asador y malogró una muy buena faena, que le hubiera redituado en una oreja de mucho peso.

Fue la del cuarto de la tarde, un toro con tranco y cierta emotividad, al que el potosino templó aseadamente. Le clavó con buen gusto, sobre todo en la suerte del par a dos manos, que por alguna razón no está de moda, y poco se ejecuta en los ruedos mexicanos. Falló con los aceros tanto como pudo hacerlo, y, en un gesto que le engrandece como torero, dejó a René Tirado que diera solo la vuelta al ruedo, desmarcándose de la apestosa costumbre de colgarse del forcado para robarse insulsas vueltas al ruedo. Con el primero, un cornipaso colorado, parado y distraído, poco pudo hacer.

Emiliano Gamero tuvo una actuación decreciente en comparación con su última actuación. Por lo menos en el sentido numérico, porque en el taurino ya hace tiempo que en el capitalino priman los desplantes sobre el toreo. Así lo vimos con el segundo toro, haciéndole muchas fiestas aunque más bien no le hiciera mucho caso, y pidiendo aplausos después de las multimentadas suertes de la alta escuela en la que poco o nada tiene que ver el toro. La gente aplaude, pero no se emociona.

Al quinto lo recibió en sobresaliente portagayola, que sin duda fue el punto álgido de su actuación. Después desgració a la res con sendos rejones de castigo, a los que todavía pretendía añadir un tercero. Sin opciones, echó mano de lo más antonioaguilaresco de su repertorio, llegando poco al tendido. Quizás es más difícil permear a una masa de mayor tamaño con estos detalles, que a la afición aclientelada con toreros y ganaderos, y que pide indultos a la menor provocación.

Fauro Aloi tuvo una presentación decorosa, a pesar de lo anómalo de presentarse como novillero en un festejo mixto ya de por sí extravagante. Conectó más con el público durante la faena al tercero, toreando con pulcritud y una preparación técnica por demás acusada. La gente le tomó a mal que tapara a los forcados en una inoportuna confusión. Como es usual entre los caballistas, el uso del rejón de muerte es su talón de Aquiles. El sexto fue un novillo más bien paradón y malito que poco permitió el lucimiento de su matador y de los forcados.

Los sobresalientes Paulo Campero y Pepe Medina sacaron a torear sendos vestidos de la aguja.

Completó la función el espectáculo ecuestre de la Casa Domecq, que se anunció como sinfónico, aunque la mayoría de las piezas las interpretó un mariachi, mientras que el resto fueron grabadas. Este constó de una serie de puestas en escena de corte folclorista antes del paseíllo y después de terminar la corrida, en el que se entremezclaban suertes caballistas con bailes.

No es este escribiente servidor de ustedes particularmente entusiasta de los caballos, ni de los discursos nacionalistas del folklore. No señalo en ese sentido a las personas que nos presentaron este espectáculo, resultado de su trabajo digno, pero no hay que perder de vista la línea tenue. Entre las amenazas políticas en torno a la fiesta, está el lobo vestido de cordero que quiere a la fiesta de toros para reproducir ese tipo de discursos, específicamente en España. Será muy importante que los espectáculos extra taurinos que se presenten sean montajes profesionales como este que vimos, y no invitar al lobo al banquete.

Sobre si el espectáculo fue más o menos atractivo, será cuestión de gustos, y cada cual hablará según le fue en la feria. Baste señalar que ya anteriormente se habían presentado exhibiciones de este tipo, lo mismo en la Plaza México, que la plaza del Toreo en sus dos etapas. Preferiría preguntar ¿Por qué vino tanta gente al festejo, a una plaza que ha tenido una relación más bien fría con el toreo a caballo? Recientemente quedó claro que ni siquiera los rejoneadores extranjeros, como el originalmente anunciado Andy Cartagena, tienen tirón de taquilla.

Si el próximo domingo se anunciaran de nuevo a los tres caballistas mexicanos, ¿Volvería la misma cantidad de gente?, Si a la corrida a pie se le añadiera el espectáculo sinfónico ecuestre, ¿Se repetiría la entrada?, ¿Funcionará la formula el próximo año, o fue la novedad?, ¿Fue el 2×1?, ¿Fue el DJ a la salida? Obtener un éxito sin saber el por qué, y sobre todo sin saber cómo repetirlo, lo convierte en una chiripada, y desafortunadamente esta es una industria comprometida con presentar al menos 24 espectáculos por año, o lo que es lo mismo, no se puede sostener con base en llamaradas de petate. Cabe señalar que mucha gente se fue terminando el festejo.

Esperemos que en la empresa estén construyendo las respuestas a estas preguntas. ¿Quién es este público nuevo que nos visita?, ¿Por qué viene a la plaza?, ¿De dónde viene?, ¿Qué ofrecerle para que vuelva ocho días después? No se debe perder de vista que en estos cuatro festejos no se ha presentado un palo gordo de los que hacen afición, ni han surgido figuras, o rivalidades. ¿Se están aficionando a los toros, o buen día les dará flojera desplazarse a los fríos y maltratados tendidos de La México a congelarse mientras bailan los jarochos?

En caso de que no se despejen las incógnitas, seguiré repitiendo mi advertencia: sin una oferta taurina cimentada en toneladas de contenido, y revestida de kilates de arte, harán falta esfuerzos sobrehumanos para conseguir cada vez más gente dispuesta a comprar estos artefactos, sin aficionarse al intermedio de la lidia de seis toros.

Departamento de quejas y no tanto. La mala iluminación produjo múltiples sombras en el ruedo, con los inconvenientes que conlleva para la lidia. Afuera, los antitaurinos se ensañan con la gente que llega un poco tarde al festejo, que dado el lento servicio de taquillas, a veces son muchos. Se han propuesto soluciones de primera mano a la empresa, que no les han convencido. El sonido proporcionado por el show Domecq mejoró por mucho el triste estado del sonido local del coso, habría que pensar en adoptar alguna medida de las implementadas esta vez. Quizás algunos elementos de producción podrían integrarse a las corridas de usual. Seguro que molestaría a los puristas más recalcitrantes, pero seguro que tampoco es para tanto. En fin.

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