Mbappé, tú ya eras francés / por Juan Manuel Rodríguez

 Mbappe ante el Real Madrid
«…este último año y medio, has utilizado el nombre del Real Madrid en vano para mejorar tu contrato, has engañado a Florentino Pérez y, por ende, a todo el madridismo. O, aún peor, si mañana se descubriera que has sido un agente doble de Al Khelaifi y de Ceferin incrustado en el centro mismo del corazón del Real Madrid para humillar al club deportivo más grande de la historia, me lo creería. Ni Mata Hari lo habría hecho mejor ni con mayor sutileza…»

Tú ya eras francés
Madrid, 24 Mayo 2022
Tú ya eras francés cuando el Real Madrid hizo una oferta de 200 millones de euros por ti al PSG el 31 de agosto de 2021, no hace ni siquiera un año de aquello, y entonces dijiste que sí. ¿O no lo hiciste? Ya no sé qué pensar, la verdad. ¿Es posible que el emir hubiera ordenado a Al Khelaifi que aceptara ese dinero y entonces tú hubieras dicho que no? No lo creo. ¿Sabes lo que pienso? Pienso que durante todo este tiempo, y cuando me refiero a este tiempo no estoy pensando en 2017, cuando dejaste el Mónaco, sino a este último año y medio, has utilizado el nombre del Real Madrid en vano para mejorar tu contrato, has engañado a Florentino Pérez y, por ende, a todo el madridismo. O, aún peor, si mañana se descubriera que has sido un agente doble de Al Khelaifi y de Ceferin incrustado en el centro mismo del corazón del Real Madrid para humillar al club deportivo más grande de la historia, me lo creería. Ni Mata Hari lo habría hecho mejor ni con mayor sutileza.
Tú ya eras francés cuando el Real Madrid hizo una oferta de 200 millones por ti al PSG el 31 de agosto de 2021, ni siquiera han transcurrido desde entonces nueve meses, y entonces dijiste que sí. Y no sólo eso, no sólo dijiste que sí sino que en el transcurso de los días posteriores te mostraste mohíno, abatido por el golpe que había supuesto para ti y para tu clan la negativa del emir a dejarte salir. Has sido francés durante todo este tiempo, fuiste francés septiembre, octubre, noviembre y diciembre, seguiste siéndolo desde el 1 de enero, fuiste francés cada vez que, siendo ya agente libre y por lo tanto el único dueño de tu futuro deportivo, cogiste cada una de las llamadas que te hizo Florentino Pérez, has sido francés alimentando la especulación, has sido francés tirando la caña, fuiste francés el día que le diste al Madrid tu palabra, eras francés cuando dejaste de cogerle el teléfono a Florentino, francés cuando tu entorno dijo que estabas aislado para tomar una decisión que probablemente ya habías tomado, fuiste francés al esperar hasta el último segundo del último minuto para soltar la bomba, francés del mismísimo París para sacarle hasta el hígado al emir y dejar con la palabra en la boca y el corazón en un puño a una afición que habitualmente no regala el elogio pero que a ti te aplaudió la última vez que visitaste el estadio Santiago Bernabéu vistiendo la camiseta del equipo rival, fuiste francés cuando nos cebaste a todos con tu cómic, por cierto muy malo. Siempre has sido francés, siempre.
Eras francés cuando, nada más saltar al césped del nuevo campo, miraste embobado al cielo, sabiendo por supuesto que las cámaras apuntaban hacia ti. Has sido francés, en fin, desde que naciste en Francia hace 23 años, de modo que si hay algo que no puedes aducir en defensa de una decisión que nadie, salvo tú mismo, entiende, es tu nacionalidad. Eso que te lo compren allí, aquí no cuela. Di que te quedas por los 56 millones de euros netos anuales o porque a ti a tu familia os dejan hacer y deshacer. Di que te quedas porque a partir de ahora Messi va a ser tu botones y Neymar tu chófer. Di que te quedas porque tu mamá va a elegir al entrenador y tu papá al director deportivo, pero no digas que te quedas porque te llamaron Sarkozy y Macron, no digas que te quedas por una especie de responsabilidad nacional porque, insisto, creo que tú ya eras francés cuando hace menos de un año dijiste que sí y has sido francés durante todo este tiempo. Por cierto, manda narices que el europeista Macron, el hombre que defiende a la Unión de las garras de la ultraderecha, enarbole la patria como factor fundamental para convencerte de que sigas en un club Estado dopado financieramente por el dinero de Qatar. Di que te quedas porque te han construido una copia exacta del Taj Mahal. Di que te quedas porque a mamá la han regalado un Vacheron Constantin Kallania con 186 diamantes tipo esmeralda de 170 quilates. Di que te quedas porque a papá le han envuelto en celofán el último Bugatti Voiture Noire. Pero no digas que te quedas porque el otro día se te apareció en sueños Napoleón y juntos cantasteis La Marsellesa.
He sentido vergüenza escuchándote. Y también me he avergonzado de mí mismo por ser tan crédulo, tan inocente, tan lila. Eras francés cuando diste tu palabra y francés cuando la rompiste pero la nacionalidad no tiene nada que ver con eso, supongo que habrá franceses que cumplan con lo dicho y españoles que no lo hagan. Tú eres un francés sin palabra, nada más, un francés con demasiados sueños y muy alborotados, algo así como el Morata negro. Ahora resulta que hablaste con el Liverpool porque le gusta a mamá y que tu sueño de niño ha sido jugar en Milán, ¡toma ya! Muchos sueños, demasiadas caras, un aguante para dar el golpe final que no tuvieron Paul Newman y Robert Redford juntos, una habilidad innata para convertirte en el centro de atención mundial y varias palabras. Y un hombre, querido niño, no tiene varias palabras sino sólo una, la que da cuando estrecha la mano.
En 2025 volveremos a hablar y veremos qué has conseguido tú y que ha logrado, por ejemplo, Camavinga. De Benzema, que también es francés todo el tiempo como tú aunque en Francia le trataran como si fuera escocés, ya ni hablamos. Ya nadie sabe con qué sueñas y tampoco importa demasiado. Igual sucede que, como a Mister Scrooge en Cuento de Navidad, dentro de 50 ó 60 años se te aparece el fantasma de las Copas de Europa pasadas y entonces te das cuenta de tu error. Para entonces ya no estaré aquí pero habrá otros madridistas sobre la faz de la Tierra. Olvídate de uno de tus cinco mil sueños porque no vestirás jamás la camiseta del 13 veces campeón de Europa, para eso hay que tener una clase de la que tú careces. Mira, si no, a Toni Kroos, alemán desde el día que nació y con una sola palabra y no veinte o treinta como tienes tú. Disfruta del Taj Mahal y echando a Pochettino para poner a otro en su lugar. Que te vaya bien en tu jaula de oro. Eso sí, no tropieces con Neymar cuando vueles hacia el comedero de cristal de Murano. Como dijo Napoleón, la mejor forma de cumplir con la palabra empeñada es no darla jamás, jamais en francés. Y te lo aclaro, querido, más que nada por si resulta que al final tampoco has sido nunca francés y también en eso nos tenías a todos engañados.
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