Martes y miércoles, milagro / por Juan Manuel Rodríguez

 El Real Madrid también remontó contra el Manchester City en la Champions. 

En el Bernabéu los santos son lo que parecen y, en vez de los jueves como en la película del maestro Berlanga, los milagros, que en el caso que nos ocupa son reales, se llevan a cabo martes o miércoles, dependiendo del día que toque la Champions. No hay aguas medicinales pero, a cambio, sí que se respira algo especial en el ambiente. No sabría definirlo, la verdad sea dicha, porque nadie sabe, pero sí se puede afirmar que tiene que ver con ese escudo y con esa camiseta. 

Martes y miércoles, milagro

Madrid, 05/5/2022
En Los jueves, milagro, Luis García Berlanga cuenta la historia de Fontecilla, un pequeño pueblo que vivió años de esplendor gracias a su balneario pero que ahora sobrevive a duras penas gracias a las labores del campo y al turismo, que es escasísimo. Así que, al objeto de recuperar el oropel de antaño, las fuerzas vivas del pueblo, o sea el alcalde, el maestro y el médico, deciden inventarse un milagro que resucite el éxito pasado, las visitas al pueblo y la venta de las aguas termales. Escogido uno de ellos por su extraordinario parecido con San Dimas, logran engañar a Mauro, que es el tonto del pueblo, de la realidad de la aparición. Al principio nadie cree en ella pero cuando, al siguiente jueves, vuelven a montar el mismo espectáculo en presencia de una de las mujeres más piadosas del lugar, el vecindario comienza a preguntarse si no habrá algo de cierto en todo aquello.
Al poco tiempo aparece en Fontecilla un personaje misterioso que parece estar al corriente de todas y cada una de las maquinaciones de los inventores del falso milagro; este extraño afirma ser capaz de llevar a buen término el fraude y, usando un espejo, ilumina desde lo alto del campanario la figura de San Dimas; más tarde convence a los creadores de la farsa de que se hagan pasar por enfermos y, con la complicidad del médico, finjan también que se curan al beber las aguas medicinales. Extrañamente, otros habitantes del pueblo sanan realmente bebiendo las aguas del manantial y muy pronto se desata una auténtica fiebre popular por obtener aquella agua milagrosa. Cuando los falsarios se arrepienten y confiesan lo sucedido nadie les cree y cuando, al fin, acuden a la habitación donde se aloja el extranjero, éste ya no se encuentra allí y, en su lugar, aparece una carta en la que explica que la figura de San Dimas del pueblo no se parece en nada al auténtico y se adjunta una foto del verdadero, que por supuesto es él.
En el Bernabéu los santos son lo que parecen y, en vez de los jueves como en la película del maestro Berlanga, los milagros, que en el caso que nos ocupa son reales, se llevan a cabo martes o miércoles, dependiendo del día que toque la Champions. No hay aguas medicinales pero, a cambio, sí que se respira algo especial en el ambiente. No sabría definirlo, la verdad sea dicha, porque nadie sabe, pero sí se puede afirmar que tiene que ver con ese escudo y con esa camiseta. Y con la Copa de Europa, desde luego. Los martes o los miércoles hay milagro en el Bernabéu, uno cada vez más difícil, uno cada vez más complicado, y ya no creo que nadie se atreva a asegurar que, perdiendo por ejemplo por 2-0 a falta de 5 minutos para el final, el Real Madrid no sea capaz de remontar marcando de repente tres.
Han tenido que pasar muchos martes y bastantes miércoles para que la gente deje de encorsetar en una pizarra lo que pasa en ese campo y que poco o nada tiene que ver con el 4-3-3. Un miércoles, y necesitando el Real Madrid tres goles en 45 minutos para darle la vuelta al partido contra el PSG, los hizo todos Benzema, en los minutos 61, 76 y 78. Un martes, encontrándose el Real Madrid con un marcador en contra de 0-3 ante el Chelsea, Rodrygo consiguió llevar el partido a la prórroga y Benzema acabó sentenciándolo. Otro miércoles, en concreto el de ayer, el Real Madrid hizo posible lo imposible marcando de nuevo Rodrygo otros dos goles en dos minutos y, cinco después, Benzema uno más de penalti ante el potentísimo City. Y la gente empieza a pensar que es cierto, la gente empieza a creer que es verdad, la gente empieza a sospechar que hay algo milagroso en el aire que se respira en ese campo y que no tiene que ver tanto con la calidad del equipo ni con el tamaño de la adversidad sino con la perfecta comunión que existe entre el Real Madrid y su competición fetiche, que es la Copa de Europa.
San Dimas, el primero en pisar el Cielo, existe pero no se parece mucho al de las postales sino que tiene la cara de Karim Benzema. El santoral futbolístico se extingue, la proeza está cada día más cara pero los martes y los miércoles en la Champions los fieles seguirán acudiendo al templo para contemplar su nuevo milagro.
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