Macarena Olona / por Eduardo García Serrano

No soy militante, ni simpatizante, ni votante de VOX, pero si fuese andaluz votaría a Macarena Olona. Con las dos manos, sin dudas, sin peros, sin reparos y sin la necesidad del bálsamo moral del mandato joseantoniano en los comicios de 1934: “En estas elecciones votad lo que os parezca menos malo”, porque Macarena Olona no es el mal menor en las elecciones andaluzas, es el bien posible. 
Macarena Olona
Eduardo García Serrano
El Correo de España – 18 Mayo 2022
Macarena Olona es inteligente, es brillante, es valiente y, perdóneseme el micromachismo, es guapa. Tan guapa que parece salida de los pinceles de Julio Romero de Torres y de la pluma de Miguel Hernández: «una mujer morena resuelta en luna se derrama hilo a hilo sobre la cuna». No soy militante, ni simpatizante, ni votante de VOX, pero si fuese andaluz votaría a Macarena Olona. Con las dos manos, sin dudas, sin peros, sin reparos y sin la necesidad del bálsamo moral del mandato joseantoniano en los comicios de 1934: “En estas elecciones votad lo que os parezca menos malo”, porque Macarena Olona no es el mal menor en las elecciones andaluzas, es el bien posible. El único posible. Todo lo demás es quincalla socialcomunista, bisutería del PP y trilerismo de C,s. Una barraca de señoritos de pan pringao que se untan unos a otros para rentabilizar la farsa del consenso en la evidencia del trinque y que por acción, por omisión y por silente complicidad hicieron de Andalucía el cortijo de Rinconete y Cortadillo, del Lazarillo de Tormes, del Buscón, de Guzmán de Alfarache y del Bachiller Trapaza. Todos ellos con acta de diputado y avecindados en el Patio de Monipodio. ¡Joder, qué tropa!
Contra esa tropa se presenta Macarena Olona, que no necesita escoltas masculinos que le magneticen, le llenen y le caldeen los mítines porque ella sola revienta los aforos. Le basta con su currículum, con su hoja de servicios a España cuando ejercía de Abogada del Estado en Vascongadas y con sus intervenciones parlamentarias en las que desmochaba títeres del PP, golfos progresistas, sicarios bilduetarras y ladillas separatistas, con y sin barretina, tal y como Isabel la Católica domaba nobles levantiscos y colgaba bandoleros de las encinas de Castilla con esa voz que daba peso a sus palabras, esa voz lenta y clara, nunca aburrida, baja y profunda que mantiene alerta al centinela incluso cuando el sueño le tienta y le desarma.
La izquierda la detesta, perdón por el eufemismo, la odia, y la derecha girondina española, la teme, y por eso se suma al coro de bufones y de sicofantes de esa izquierda tullida y tarada que la caricaturiza hasta la grosería de esas cantinas en las que Pablo Echenique se arranca con el “chúpame la minga Dominga que vengo de Francia”. La macrogranja del Consenso del 78 se llena de gruñidos cuando ventea Macarena Olona desde Despeñaperros a Gibraltar y desde Almería a las marismas de Huelva. Si yo fuera andaluz… bueno, lo mismo me empadrono en casa de alguno de mis muchos camaradas andaluces para hacerme cofrade (electoral) de La Macarena.
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