Lo cuenta Pla Ventura: Si yo te contara…..

Esta expresión, si yo te contara, entre los taurinos la he escuchado miles de veces porque, por lógica, todo el mundo tiene sus miserias o grandezas que contar pero, todo queda en el anonimato de la nada. Es surrealista, por ejemplo, personas que han pasado auténticos calvarios en el mundo de los toros que han sido vejados, ultrajados, engañados y vilipendiados en todos los órdenes pero, en realidad, nadie quiere soltar prenda al respecto de todo aquello que han penado o disfrutado. Todo ello nos hace sospechar que el mundo de los toros es un coto cerrado en el que nadie es capaz de delatar a nadie; muchas lenguas viperinas he visto largar en las barras de los bares pero, lo que se dice mojarse de cara al gran público, nada de nada.

Siempre creí que, llegado el momento, es decir, a una edad en que todo ser humano ya debe estar por encima del bien y del mal tendrían el valor suficiente para contar aquellas tragedias que les sucedieron a lo largo de la vida pero, me equivoqué, lo digo en el ámbito del mundo taurino porque, por muchos años que un individuo lleve encima, la cobardía sigue siendo la norma del ser humano en este aspecto. Entiendo, por decir algo, a los toreros en activo que, por aquello de tratar de que no les quiten el poco pan que se ganan, vivan mudos; no lo comparto, pero lo entiendo porque lo primero de todo en esta vida es el pan de mis niños.

Yo me he entrevistado a lo largo de mi vida con personajes increíbles, muchos de ellos, con una edad avanzada, casi al borde del precipicio por razones lógicas y, cuando me han contado verdaderas barbaridades, al interfecto en cuestión le he dicho: Todo lo que me has contado, aquí tienes mi página para publicarlo, es más, yo te lo “arreglo” si es que encuentro algún error. Y se lo decía porque entendía que, lo que me habían contado era digno de ser leído por todo el mundo, más que nada para que todos tomásemos lección de aquellos errores cometidos que, caso de empresarios, apoderados y toreros, todos quedaron en la ruina. No señor, aquí no canta ni Dios.

Como siempre dije, el miedo sigue siendo el gran dictador que somete a las personas porque, insisto, existe una barrera entre la edad lógica y la que certifica lo poco que nos queda en este mundo en la que ya no deberíamos tener miedo a nada ni a nadie, sencillamente por razones de calendario, por nada más. Sin embargo, el miedo nos vence e incluso muere con nosotros. No existe un mundo más lacerado entre sus personajes que el mundo de los toros; vamos que, cualquiera, con lo penado podría escribir un auténtico drama que, seguro estoy, como antes decía, ayudaría a mucha gente, sencillamente para no caer en los errores que otros cometieron pero, ese “manual” para aprender jamás lo tendremos.

Si de denuncias en el mundo de los toros y en lo que se refiere a sus protagonistas solo tengo dos nombres, el primero don Antonio Bienvenida que tuvo la gallardía de denunciar al taurinismo entero por el fraude –había que tener cojones para poner aquella denuncia de la que se enteró el mundo entero, sabedor don Antonio de las consecuencias dramáticas que luego le reportaría- del afeitado, y el segundo, un hecho que viví en primera persona, el del maestro Gregorio Tébar El Inclusero que, tras cobrar los honorarios de una actuación en Madrid, cuando comprobó que le habían pagado la mitad de lo que rezaba en el contrato puso el grito en el cielo y se enteró todo el mundo de la tropelía que Chopera había cometido contra él.

Lo que se dice historias rocambolescas las he escuchado por doquier, por ejemplo. Ese empresario que monta un festejo y, cuando finaliza el mismo, los toreros fueron a buscarle y no le encontraron jamás. Pues esos mismos toreros nunca han tenido cojones para decirme el nombre del estafador. O aquel torero que dejaba de pagarle a sus subalternos porque decía que andaba mal de dinero y tenía que hacerse trajes nuevos. Al respecto solo pude saber que el diestro es de Valencia, pero poco más. Y otro empresario que montó una corrida con figuras que apenas congregaron dos mil personas y, el pobre perdió hasta los apellidos porque no le rebajaron ni un céntimo. Me lo contó el empresario pero, pese a estar retirado porque le arruinaron, nunca pude saber los nombres de los graciosos que no tuvieron piedad con aquel hombre que les había contratado decenas de veces. Y aquel sastre de Madrid que le hizo tres trajes a una figura del toreo, al menos así se definía él y, el pobre sastre sigue esperando cobrar.

Si yo te contara….dicen todos. Contadlo de una puta vez y nos enteraremos todos porque siempre sería un sedante para el alma y, lo que es mejor, un camino por el que de entrada ya sabríamos que nunca deberíamos de transitar. Pero no, la piedra sigue en el camino para que, generación tras generación nos estrellemos todos con la misma.

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