Lo cuenta Pla Ventura: Ley sobre medidas energéticas

Procuro vivir al margen de todas las veleidades que consume la sociedad actual, entre ellas, ver la televisión para evitarme disgustos furibundos pero, pese a todo, todavía, por alguna rendija de mi ventana que es la radio me entra alguna que otra noticia para quitarme el humor por completo.

Sin duda, todas las leyes que ha dictado este maldito gobierno que nos destroza en todos los órdenes, han sido para dañar al ser humano en su integridad pero, como querían rizar el rizo, lo han logrado con la ley sobre las medidas energéticas, sin duda, el más grande caos que un gobierno pudiera alcanzar. Dicha ley no es otra cosa que el paso más trascendental que un gobierno pudiera dar, razón para que, ante todo, debería de haber sido consensuada, analizada, estudiada por expertos en materia y, pese a ello hubiera tenido carencias. Pero no, el gracioso de turno se saca la ley de la manga y con un decretazo le da vida, eso sí, para sembrar muerte y desolación.

Es posible que las medidas sean pertinentes al respecto pero, ante todo, con un debido análisis, los pros y los contras de todo aquello que pudiera ocurrir que, si Dios no lo remedia ya ha ocurrido. El experto que ha dicho lo de los 27 grados en interiores con lo que está cayendo tiene más de retrasado mental que de experto. Pasa como cuando el coronavirus que se reunían un comité de expertos para cagarla a diario; ahora ha sucedido lo mismo. Y, para que la desdicha sea todavía mayor, el gracioso de Sánchez les pasa la pelota a las comunidades autónomas diciendo, que no os pase nada, yo ya he cumplido.

Vamos a ver, el análisis de la cuestión lo acertaría un niño de primaria pero, estos estúpidos que nos gobiernan no aciertan ni cuando se equivocan porque, en realidad, viven siempre equivocados. ¿Qué es eso de que ahora las puertas de todos los establecimientos de España tienen que ser automáticas? Como sonar, suena muy bien pero, ¿de dónde van a sacar los cientos de miles de establecimientos que les afecta dicha medida, el dinero para pagar tal “remiendo”? Un restaurante, por ejemplo, y no entro en la cocina todavía, si está a 27 grados más los que aporta la gente cuando las mesas están llenas, llegamos a más de treinta grados. Siendo así, ¿le apetece a alguien ir a comer a un restaurante con semejantes condiciones? ¡Es imposible!

Esa cocina a la que aludo en la que, por lógica, está ardiendo de calor y solo pueda protegerse con el aire acondicionado, si se lo quitamos ¿cómo podrán trabajar? Y los hornos, las pastelerías, las heladerías y tres mil profesiones más que, sin el aire acondicionado serían víctimas de su propio negocio. ¿Y los grandes almacenes que mucha gente acuden allí por estar fresquitos? Y esa norma la dictan ahora, en pleno verano y cuando más calor está haciendo en la historia reciente de España. Es cierto que, la ley citada, la dictan unos tipos y tiparracas indeseables que no han trabajado en su puta vida, por eso no saben lo que pueda sufrir un ser humano en condiciones tan adversas como las que quieren imponer, que de hecho ya han impuesto. Eso sí, ya veréis como, dentro de poco se inventan la figura del “inspector” para que controlen los pocos negocios que puedan quedar y, a tal efecto, contratarán a gentecillas adictas al poder establecido, les ordenarán que actúen con saña y todos tan contentos, especialmente lo que fichen en calidad de inspectores.

Traducido en cristiano, se avecina la hecatombe al más alto nivel. Eso sí, los delincuentes, por aquello de la oscuridad que se les ofrece por las noches con las luces apagadas, todos se están frotando las manos de la dicha que puedan sentir al ver que tienen vía libre para el delito. Y tienen razón porque todavía delinquen poco sabedores de que no les pasará nada; joderán a muchísimas personas pero, este gobierno si atacan a los que se ganan la vida de forma honrada, hasta se alegran, la prueba no es otra que no hay ninguna ley para ahuyentar a los delincuentes que, insisto, sabedores de que todo queda en un delito menor, miel sobre hojuelas.

Por Dios, ¿qué será de nosotros con estas gentuzas en el poder? Y lo peor de todo es que estarán siempre con el mando porque, en vez de personas, han logrado hacer una manada de millones de borregos que les llevan y les traen por el camino que quieren y, encima no protestan. Eso sí, la mal traída ley provocará, como sucede siempre con las leyes de los sociatas, cientos de miles de pequeñas empresas que cerrarán sus puertas, cientos de miles de personas en el paro y la destrucción del país será inminente, Pero no os preocupéis llegado el caso de la catarsis que Pedro Sánchez siempre se sacará la chistera una paga de doscientos euros para que todos le sigan votando.

Creíamos que, en su día, el aberrante Zapatero que destruyó España dejándola como un solar desmantelado, aquello era lo último que podía hacer un político y, nos hemos equivocado porque Sánchez le ha superado en todos los órdenes. Como decía, todas las leyes emitidas por este sujeto y sus huestes tienen, como finalidad común, la destrucción del ser humano como tal y, como dice el muy cafre, las leyes tenemos que cumplirlas todos; menos los catalanes, claro. Esos como no son españoles la ley que les obliga a que los niños estudien un veinticinco por ciento en castellano, el enano que preside el parlamento catalán se la pasa por el forro de sus cojones y, encima, Sánchez le aplaude.

Y digo yo, ¿cómo vivirán esas gentuzas que dictan esas leyes? Igual tienen un triste ventilador en sus casas y nosotros les criticamos ¿verdad? Como chiste suena bonito lo que he dicho pero, unas gentes aberrantes, la mayoría gandules y analfabetos que ostentan ministerios, lo único que les llena por completo es la ostentación en todos los órdenes; sí, todos aquello que prometieron que seguirían viviendo en Vallecas y, como es notorio, todos viven en “palacios y como reyes”. Eso sí, mérito tienen mucho, encima de toda la miseria que nos han echado encima, ni les hacen huelgas, tienen varias televisiones a su favor, no les importa para nada que el recibo de la luz se haya encarecido un doscientos por cientos cuando, como recordamos, en la época de Rajoy, subió la luz un cinco por ciento y el indeseable de Pedro Sánchez le llamó a Rajoy indecente.  Y no hablemos de la gasolina. Pero, digo yo, si Sánchez llamó a Rajoy indecente por cuestiones triviales comparadas con lo que estamos viviendo, ¿qué calificativo tendríamos que darle al indeseable de La Moncloa? Cada cual que utilice el que más le convenga. Si digo que, el más brutal que añadiésemos sería leve para definir a este sujeto impresentable.

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