Lo cuenta Pla Ventura: El terror pasó por Osuna

Hacía tiempo que no disfrutábamos con una corrida de Celestino Cuadri pero, Canal Sur ha tenido la gentileza de mostrarnos un festejo admirable celebrado en Osuna (Sevilla) en su día grande de feria. Tras ver el festejo me queda la duda y me pregunto: ¿Cómo explico todo lo que he visto? Es muy difícil de explicar y mucho más cuando uno piensa en esos toreritos artistas que, con toritos a modo y sin el menor atisbo de peligro siguen cortando orejas por esas plazas de Dios. Cuesta creer que en Osuna se haya lidiado una corrida con el trapío de Madrid pero, tras la visto, lo que digo es más cierto de que existe un Dios que todo lo puede. Hasta el punto de que, el maestro Paco Ruíz Miguel, el que fuera un auténtico especialista en las corridas más duras, confesó pasar miedo viendo a estos hombres. ¡Cómo sería la cuestión!

Nos pasamos la vida viendo puertas del Príncipe devaluadas, toreros artistas cortando orejas a toros anovillados y sin fuerzas; digamos que, toda la parafernalia que existe en el toreo si de toreros elitistas hablamos que, comparado con lo que hemos visto esta tarde, el noventa por ciento de los espectáculos que nos venden a diario son una pura parodia de lo que debe ser un toro auténtico y bravo. Pero así es la fiesta que tenemos que, como los demás quieran, te ponen en figura en un abrir y cerrar de ojos pero, si se trata de matar el toro autentico, ahí cambia la decoración. La pregunta es obligada: ¿Qué harían los Rufo, Ortega, Aguado, Manzanares, etc. etc. con estos toros que hoy se han lidiado en Osuna? Nunca lo sabremos, pero sí lo podemos suponer. Cono los toros de Cuadri corridos en dicha plaza en el día de hoy, los que correrían serían los toreros nombrados.

Así debería ser siempre la fiesta pero, habría un problema muy grande, los toreros no matarían más allá de media docena de corridas al año y, los aficionados, a muchos nos estallaría el corazón del escalofrío que se puede sentir ante un espectáculo como el nombrado. Y digo que no pasarían de la media docena todo aquel que resistiera que, para el noventa por ciento del escalafón no podrían soportar el envite. Hoy hemos visto jugarse la vida de verdad a tres hombres honrados que, como diría el listo de turno, lo hacen porque no les queda más remedio y, es cierto. Pero esa gloria lograda en el día de hoy por lo diestros -si de gloria se puede hablar por aquello de salir ilesos de la plaza- si en vez de ser en Osuna es en Madrid, se mueven los cimientos de la plaza y, con toda seguridad, Rafaelillo hubiera tocado el cielo con sus manos.

Corrida complicadísima para la terna que, los tres, cada uno a su manera, han mostrado lo mejor que tenían que, en realidad, era el todo. Hoy si eran enemigos los toros, nada que ver con los carretones actuales de Juan Pedro y demás ganaduros que, para desdicha de la fiesta, con semejante parodia se ha encumbrado a más de un artista. Yo quiero ver a tantos artistas con los toros de Cuadri que, aunque sembraron el terror y el pánico en muchos momentos de la lidia, casi todos los ejemplares, con la muleta, les regalaron a sus lidiadores veinte arrancadas para triunfar; el problema era que había que estar ahí, tragar quina, pensar que, en un segundo podías entrar en la enfermería con un cornalón; en definitiva, esas «tonterías» que suelen tener los toros bravos y encastados.

Hablamos de un espectáculo memorable en que, Rafaelillo ha hecho lo mejor de la tarde porque en ambos enemigos ha mostrado su raza, su casta, su torería y, por momentos, en las arrancadas que antes decía, momentos bellísimos tanto con el capote como con la muleta. Eso sí, en cada instante de la lidia, desde lejos, hasta el más tonto percibía que un hombre se estaba jugando la vida en la arena; todos se la juegan pero, la grandeza de este espectáculo radica en que los aficionados lo palpen para luego ratificarlos, caso que ocurre muy a la larga en las corridas tradicionales. Rafaelillo es un auténtico especialista en esta materia y nos ha hecho vibrar como pocos. En su primero ha cortado una oreja de ley tras una estocada, un premio que nos pareció muy pobre tras lo realizado por el diestro y tratándose de un pueblo. En su segundo que, si se me apura, todavía ha expuesto más, tras un pinchazo ha cobrado una estocada refrendada por un golpe de descabello y ha dado una vuelta al ruedo muy aclamada. Enorme Rafaelillo. Claro que su pena es que no se matan corridas como la citada una vez al mes porque de lo contrario, él las torearía todas.

Pepe Moral ha pasado el peor trago de su vida, sin discusión alguna. Ha cincelado algunos pases de mucho mérito porque al igual que sus compañeros, su vida pendía de un hilo pero, su fallo con el estoque  lo ha estropeado todo. Lo mismo podríamos decir de Esaú Fernández que, el chico ha logrado momentos de una belleza extraordinaria pero, la espada no ha querido acompañarle.

Dicho festejo, de no haberlo visto, al cortarse una sola oreja y ser en un pueblo, cualquiera podríamos pensar que se trataba de un festejo anodino y sin recuerdo alguno. Todo lo contrario porque esta corrida pasará a los anales de la historia de Osuna como un espectáculo inolvidable. Insisto si en las grandes ferias se montara una corrida como la que hemos visto hoy, Rafaelillo, de la noche a la mañana eclipsaba a la mitad de los toreros; vamos que, los Miura son hermanitas de la caridad comparados con los toros de Trigueros.

Muchos infartos han podido suceder en dicha plaza, primero entre  todos los actuantes porque, por ejemplo, en algún que otro tercio de banderillas los toros han sembrado un pánico que no vemos nunca en ninguna plaza de toros. Toreros desarmados, tirando los capotes, saltando la barrera y en definitiva, comprobar que en los toros el infierno también existe, pero solo para unos pocos, los demás todos están en el cielo. Es verdad que, si cada semana viéramos una corrida como la citada, nosotros, como aficionados, hasta podríamos sufrir un síncope cardíaco; corrida no apta para los enfermos del corazón. Eso sí, Rafaelillo, con ese corazón a prueba de bombas que tiene ordenaba su vida crematisticamente dicho.

Corrida con presencia, cuajo, trapío, pitones y todos los argumentos que le queramos pedir a un toro para ser lidiado en Madrid y, como digo, los Cuadri lidiados hoy en Osuna hubieran pasado en Madrid en la menor duda. La fotografía que mostramos de Rafaelillo lo dice todo.

 

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