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Lo cuenta Pla Ventura: Despacito, rítmico, bello… Fernando Robleño

La gran sorpresa de la llamada Copa Chenel no ha sido otra que ver torear a Fernando Robleño que, como se sabe, no ha sido el ganador del ciclo pero que ha dejado unas sensaciones extraordinarias las que tenemos que reflejar. Sería un crimen en toda regla silenciar las excelencias que mostró este torero que, de una santa vez, aunque fueran corridas encastadas, le han embestido varios toros para que nos mostrara su auténtica categoría en calidad de matador de toros.

Debido a sus circunstancias, todos teníamos encuadrado a Fernando Robleño dentro de esa élite de gladiadores capaces de jugarse la vida con cualquier clase de toros y, cuando digo cualquiera, me refiero a ese tipo de ganaderías encastadísimas que, las llamadas figuras no conocen ni en fotografía. Casi cinco lustros le avalan como gran torero en ese circuito reservado para hombres de una capacidad fantástica puesto que, en honor a la verdad, no todo el mundo está capacitado para ejercer dicho menester y mucho menos con ese tipo de toros que rara vez te permite expresarte como en verdad lo sientes, razón de mucho peso para que seas héroe antes que artista, como es el caso de Fernando Robleño.

Y, en realidad, no sé si la vida ha sido justa o injusta con dicho diestro, pero si puedo asegurar que la verdad ha sido siempre la bandera que ha esgrimido dentro de los ruedos. Nadie le tachó de mentiroso, ni de farsante, ni de lidiar burros con cuernos y, en honor a la realidad, todos le hemos cantado su verdad que, posiblemente, ésta no le ha hecho rico, pero su palmarés no se lo quitará nadie en el mundo. Tras todo lo que le hemos visto en estas aludidas actuaciones, Fernando Robleño se ha ganado el fervor de los aficionados pero, dentro del taurinismo, hasta sospecho que se ha granjeado enemigos porque, los mercachifles del espectáculo quizás no hayan sabido valorar la grandeza de la que es poseedor este artista alcalaíno.

Pero sí digo que en el ciclo antes mencionado si se ha hecho justicia porque para suerte nuestra, pese a seguir enfrentándose con toros encastadísimos, en sus dos últimas actuaciones pudimos ver al Fernando Robleño artista que nos conmovió hasta el alma. Cadencioso, rítmico, bello, artista en la más bella acepción de la definición puesto que, frente a toros de Santa Coloma y Albaserrada, dictó unas lecciones memorables de torería al más alto nivel y, el que quiera que le emule. Dicho sea de paso, sin objetar los méritos de Fernando Adrián, de haber acertado Robleño con el estoque en el último toro de la tarde, la Copa Chenel estaría ahora en sus manos pero, como quiera que agua pasada no mueve molino, nos quedamos con las sensaciones que Fernando Robleño aportó a nuestro corazón que no es tarea baladí de su parte.

Si queríamos encontrar una sorpresa de última hora, la hemos hallado con Fernando Robleño, algo que apuntalarán los que le vieron en las plazas en las que actuó en la provincia de Madrid y, sin duda, los televidentes de la cadena madrileña, amén de todo los que gracias a la magia de Internet pudimos verle desde nuestros hogares. Aquel relajo que nos mostró, aquella torería, su forma de abandonarse como dicen ahora los toreros, todo ello formó parte de la tauromaquia fundamental del diestro que, pese a ser corridas “terroríficas” para su suerte, varios toros de esta estirpe quisieron colaborar con él para que los aficionados nos sintiéramos dichosos.

Y digo yo, ¿le servirá de algo al muchacho haber mostrado sus dotes de artista? Vamos que, este hombre se topa con un toro de Juan Pedro y le forma la mundial, es decir, sin despeinarse y con la gorra le puede cortar las orejas a cualquier animalito que lidian las llamadas figuras del toreo que, ya se encargarán ellos, unos y otros, de que no meta las “narices” donde no le han llamado, sencillamente porque se trata de un coto cerrado en el que solo participan los que la élite quiere y como quiera que los puestos son escasos, todo el mundo a la cola, a esa larga lista de espera en la que, la mayoría aburridos, se marchan para casa. No es el caso de Fernando Robleño que ha tenido los santos cojones de soportar lo habido y por haber pero, si quedada alguna duda, ya las despejó todas. Igual, ¿quién sabe?, el destino le ha puesto a prueba y a partir de estos momentos cambia su estrella, le ponen en corridas de mejores garantías y pueda poner su acento artístico donde en verdad corresponde.

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