Las Ventas: Ginés Marín herido. Padre y subalterno al unísono con gran nudo en la garganta.

Y justo antes de encarar la puerta de la enfermería, recibió también el beso en la mejilla de su padre. La expresión del progenitor delataba más angustia y más dolor que la de su valiente hijo.

La frialdad de Ginés después de que un Congresista, era el nombre de su toro, le atravesara la pierna me ha dejado estupefacto. Con los músculos destrozados ni uno solo de su cara ha hecho el más leve gesto. Se ha incorporado y se ha puesto otra vez al toro como si de nuevo empezara. La gravedad del percance la intuíamos todos por el tiempo que quedó colgado de tan astifino gancho. Es verdad que la sangre no resultó borbotón y que, aunque cojeando mucho, no perdió movilidad y eso, en expresión taurina, es una cornada limpia, que no te sesga la vida. Y la cuadrilla no intervino retirándolo del ruedo. Acabada la faena siguió con su parsimonia. Esperó a que arrastraran a su ya inerte enemigo y con paso más que digno recorrió el callejón recibiendo los aplausos del público más sensible. Y justo antes de encarar la puerta de la enfermería, recibió también el beso en la mejilla de su padre. La expresión del progenitor delataba más angustia y más dolor que la de su valiente hijo. Aunque la misma hombría, reforzada con la grandeza que le daban los brillos de oro de la chaquetilla de picador de turno que lucía Guillermo Marín. Padre y subalterno al unísono con gran nudo en la garganta. / Leer más…+

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