La crónica de Pla Ventura: La gesta de Emilio de Justo en Madrid, acabó en tragedia

Sin lugar a dudas, la encerrona de Emilio de Justo había despertado una expectación inusitada, la prueba no era otra que haber congregado a más veinte mil almas en Madrid cuando, por ejemplo, ayer en Añover de Tajo, Morante y sus comparsas llevaron a tres mil personas a los tendidos de dicha plaza. Contada la anécdota, todo hacía presagiar que viviríamos una tarde de toros en la que De Justo se erigiría el rey del toreo pero, la grandeza de esta fiesta consiste en que la misma va unida a su propia tragedia, de la que no escapó el toreo de Torrejoncillo. Salió el primer toro de Pallarés que, como toda la corrida, tuvo una presentación fantástica y, lo que es mejor, lucia en su cuerpo las tres letras fundamentales que un toro bravo tiene que tener, TCB, es decir, trapío, casta y bravura, unos valores que enardecieron al público puesto que, cuando aparece un toro de verdad en la arena ahí se emociona hasta Dios. Allí estaba De Justo dispuesto a jugarse la vida con esa torería que Dios le ha dado y, hasta que el toro le duró así fue.

El animal, en cada pase, teníamos la sensación de que, pese a su bravura, se quería comer al torero. Aquella intensidad que tanta afición hace por el mundo, duró apenas dieciocho muletazos que, en realidad, bastaron y sobraron para que todos pudiéramos palpar cómo es en realidad la grandeza de la fiesta cuando existe el toro. Faena justa, pero de una rotundidad fuera de lo común. Empuñó De Justo la espada, se entregó con tanta verdad que sufrió una voltereta espeluznante. Rodó el toro y le dieron la oreja pero, el diestro tenía una lesión cervical, al parecer de mucha importancia que, lógicamente le impidió continuar la lidia. Y, la tragedia a la que yo aludía es que, según el parte que nos ha mostrado el doctor García Padrós, Emilio estará de baja más de tres meses. ¿Se puede tener peor suerte?

Tras lo sucedido, ¿qué penaría en aquellos instantes Álvaro de la Calle que estaba como sobresaliente? No quiero ni imaginármelo pero, el hombre se hizo el ánimo, tiró hacia delante, mató los cinco toros con una dignidad admirable. Toros que, unos más y otros menos, casi todos eran de triunfo, especialmente el de Victoriano del Rio que, una vez más trajo a Madrid un toro de escándalo. Emotivo hasta la locura puesto que, tras morir, el presidente ordenó la vuelta al ruedo. Álvaro recorrió en anillo como premio a su dignidad, esfuerzo y valor pero, como todos imaginamos, dicho toro, en las manos de De Justo era de dos  orejas con petición de rabo. Con el de Domingo Hernández el sobresaliente estuvo digno, hasta el punto de que a lo largo de la tarde jamás perdió los papeles cuando, lo lógico, dada su inexperiencia huira sido lo lógico pero, el hombre, mentalmente no estaba preparado para el envite.

El de Victorino Martín lucía una presentación admirable, tenía mucha bondad pero, como le sucede a Victorino en los últimos festejos, el animal tenía poca fuerza, de todos modos, insisto, sospecho que en las mano del diestro titular del festejo le hubiera cortado una oreja. El toro de Palha era para jugarte la vida, pero nada más. Era un animal que exigía un esfuerzo sobrehumano  a sabiendas de que no habría premio. El último de la tarde, de Parladé ha sido un gran toro. Nada que objetarle al diestro puesto que, llevaba años sin torear y, de repente, que tengas que matar cinco toros en Madrid sin antes haberte mentalizado, su mérito es tremendo. Merece este hombre una nueva oportunidad en Las Ventas.

El hombre  propone y el toro descompone, nada es más cierto pero, la auténtica verdad es que todo eso suele ocurrir cuando un torero se enfrenta a un toro auténtico y, el de Pallarés lo era, pero con toda la barba. Tardaremos mucho tiempo en olvidar ese torrente de bravura unido a esa fiereza en la que, en cada muletazo quería llevarse por delante al diestro que, lo sometió con una torería infinita especialmente toreando al natural. Podía haberse aliviado a la hora de entrar a matar pero, como con Emilio de Justo no cabe la trampa ni mucho menos la mentira, se tiró encima del morrillo con un arrebato propio de los héroes y, el toro que ya le había avisado le volteó con saña, sin cornada pero, lo que es peor, con esa lesión de cervicales que hemos dicho que, la misma es mucho peor que tres cornadas juntas. Recemos, como buenos aficionados por la pronta recuperación de este diestro tan ejemplar como modélico al que tanto le ha costado encaramarse junto a los de arriba y, ahora, con este revés, queda frenada su carrera. Ánimo maestro,  como se dice en el argot popular en peores plazas hemos toreado.

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