Garantía o tragedia / por Pla Ventura

Un caos en toda regla del que se escapa Ricardo Gallardo que, pese al mal juego que dio su primera corrida en Madrid con las figuras del toreo en el cartel, más tarde lo arregló en la segunda en que, una vez más, la bravura de sus toros salió a relucir como le sucediera en Alicante y otras plazas en las que ha lidiado. Digamos que, Fuente Ymbro es, de las ganaderías de relumbrón, la única que ha salvado los muebles.
 Garantía o tragedia
Pla Ventura
Toros de Lidia / 1 julio, 2022
Analiza uno lo que está siendo la temporada taurina si de toros hablamos y, la decepción es mayúscula. Atrás ha quedado aquella aseveración en la que, los toreros, todos querían apuntarse a una corrida de garantías, algo que, a priori, tanto les satisfacía. Y en honor a la verdad les iban bien porque, especialmente con todos los toros de la rama Domecq el triunfo estaba casi garantizado. Como es notorio, todo ha cambiado, pero para mal.
Ahora ya no existe garantía de nada si de toros hablamos porque, al parecer, como si de un maleficio se tratare, los toros no quieren embestir; tampoco muestran peligro alguno pero, la calidad de antaño se ha perdido por el camino y, entre la falta de fuerzas, la mansedumbre y otras calamidades, lo que hace muy poco era garantía de triunfo ahora todo ha quedado en la nada. Ahí está el resultado artístico de las figuras del toreo y, el balance es estremecedor. Es más, lo hemos presenciado todos en las grandes ferias de la temporada, caso de Valencia, Sevilla, Madrid, Alicante, Burgos y demás festejos que nos han mostrado por televisión.
Un caos en toda regla del que se escapa Ricardo Gallardo que, pese al mal juego que dio su primera corrida en Madrid con las figuras del toreo en el cartel, más tarde lo arregló en la segunda en que, una vez más, la bravura de sus toros salió a relucir como le sucediera en Alicante y otras plazas en las que ha lidiado. Digamos que, Fuente Ymbro es, de las ganaderías de relumbrón, la única que ha salvado los muebles. No es menos cierto que, en distintas plazas ha salido algún que otro toro potable con el que, por ejemplo, Tomás Rufo, el hombre que está tocado por la varita mágica de la suerte ha saboreado el manjar de esos animalitos santificados. Pero son los menos porque, si nos acordamos de Fernando Adrián en Madrid con aquel cartelazo de figuras y de toros, el pobre se acordará toda su vida de aquella nefasta tarde en la que devolvió todo lo que antaño había ganado. O el mismo Rafael González que, para mayor desdicha, hasta cayó herido. ¡Y eran toros de garantías!
Las llamadas ganaderías comerciales, aunque dichos toros de cara al aficionado dijeran muy poco, lo cierto y verdad es que los triunfos que propiciaban siempre tenían su eco, al menos en lo que al gentío se refiere que, tampoco era mala cosa. Certifiquemos que, las figuras, con dichos animales que siempre solían aparecer en el ruedo a modo de “santos vestidos” de negro, se lo pasaban en grande; hasta ellos mismos estaban convencidos de que el toreo era lo que ellos proclamaban y, hasta ese falso castillo de naipes se ha derrumbado.
Pese a tanta desdicha, todo sigue igual para las figuras del toreo puesto que, son reclamadas del mismo modo que antaño, con la salvedad de que, como no hay triunfos, las plazas se quedan semivacías en todos los espectáculos pero, de cara la contratación de dichos espadas si se me apura ha bajado su caché, pero nada más, porque siguen toreando en todas las ferias sin detrimento alguno para ellos salvo, como decía, en las cuestiones crematísticas puesto que, si no hay gente el empresario es remiso a la hora de repartir los billetes.
Esa falta de bravura a la que me refiero es la que ha arruinado la vida de muchos toreros de los que actuaron en Madrid, hasta el punto de que, el gran triunfador del ciclo isidril, Ángel Téllez, le está costando un mundo conseguir contratos. Siendo así, imaginemos el devenir de la gran mayoría de los diestros, de forma muy concreta todos aquellos que acudieron a Madrid para confirmar su alternativa para que, en la actualidad, todos estén parados en sus casas. Morante, Manzanares, El Juli, Roca Rey, Talavante y el recién elegido Tomás Rufo y muy pocos más, esos no tienen problema alguno ni les afecta nada pero, analizando en profundidad la cuestión, es terrible que, por ejemplo, el único torero que puede estar a la altura de Morante, llámese Diego Urdiales, al riojano no le ha embestido un todo con claridad en toda la temporada, razón por la que está siendo ninguneado por las empresas, hasta el punto de quedar fuera de los carteles de Bilbao. Todos sueñan por entrar en los carteles de las figuras, Diego Urdiales el primero y, como los toros son caprichosos, insisto, no le han permitido al gran torero expandir la llama inmensa de su arte.
Todo seguirá igual pero, reitero, alguien debería de profundizar para ver qué está pasando porque, no es nada normal que los toros que hace cinco minutos propiciaban triunfos de clamor, ahora quede todo en el silencio de la nada o, como sucedió en Alicante, abroncando a Morante. Y menos mal que, dichos animalitos, remisos a propiciar triunfos no tienen peligro ni maldad alguna pero, en el mismo pecado llevan su penitencia.
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