Gabriel Réhabi, un picador fuera de lo normal / por Giovanni Tortosa

 

Gabriel Réhabi, un picador fuera de lo normal
Toros de Lidia / 6 julio, 2022
¿Existe en el actual reglamento taurino alguna cláusula que prohíba el lucimiento de todo aquél actuante en un espectáculo, que no sea el matador o jefe de cuadrilla? Creemos que no, pero la realidad nos confirma cada día, la existencia de un protocolo taurino que evite a toda costa el lucimiento de cualquiera que no sea el consabido maestro. Es como un acuerdo tácito entre el colectivo, y cuando algún banderillero, (no nos gusta decir subalterno) se sale del guion, automáticamente le echan a los leones. Decimos esto porque en San Agustín de Guadalix se dio el primer evento patrocinado por la Peña Taurina 3 Puyazos, cuya finalidad es reivindicar entre otras cosas la suerte de varas.
Dicha asociación taurina surge como un reflejo fiel de lo que sucede en algunas plazas toristas de Francia. Es evidente que para los aficionados puristas y de tradición torista esto sabe a gloria. En contraposición a ello, queda el ramplante taurinismo comercial, tan rebosante de vicios y cuyas estructuras están siendo obsoletas desde mucho tiempo atrás.
El público generalista está empezando a hartarse, y como ejemplo, diremos que la reciente feria de Hogueras en Alicante ha disparado y convulsionado las redes sociales ante la vergüenza que han supuesto el desfile de borregos, terneras o como se les quiera llamar menos toro; regalos presidenciales aparte. El levante español siempre se caracterizó por su tendencia torerista, y lo que fuera el toro le importaba un rábano. Ahora, ante tanto descaro el personal ya va visualizando lo que se cuece en la trastienda taurina y es consciente del paupérrimo espectáculo que se le ofrece a precios de caviar ruso.
Ya que no pudimos asistir a los festejos de la Peña 3 Puyazos, hemos recogido un fragmento de un consumado aficionado como es Rafa, de su magnífico blog Toreo en Redondo:
«El milagro fue que el picador galo dignificó la suerte de varas o, como dicen los franceses, puso el reloj en hora. Convirtió lo que cada tarde es un trámite burdo, sangriento, desagradable para el espectador y humillante para el toro en algo hermoso, algo estéticamente impecable y, por si fuera poco, además emocionante. Y éticamente dio la oportunidad al toro de reivindicar su estirpe de toro de combate. Dudábamos entre el titular que hemos puesto y otro consistente simplemente en ¡Merci Gabin!»
A pesar del maravilloso espectáculo propiciado por el picador francés, que supo medir el castigo, picar en todo lo alto del morrillo y no practicar las tretas habituales hubieron voces discrepantes por parte de taurinos españoles aduciendo que el piquero sólo pretendía el lucimiento personal. ¡Lamentable! Podíamos citar nombres de decenas de profesionales que fueron estigmatizados, incluso apartados de la circulación por querer hacer las cosas bien, dignificar un espectáculo que es plural, colectivo, y no sólo de un personaje llamado maestro, matador, espada, etc. Porque toreros también lo son banderilleros y picadores.
Giovanni Tortosa
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