En Huelva se produjo el milagro / por Pla Ventura

Pablo Polo, Antonio Romero, García Palacios, Enrique Toro, Mariscal Ruíz, Mauro Macandro, Antonio Santana y Carlos Tirado, resultando triunfador del festejo y ganador del certamen denominado Huelva es torera, Mariscal Ruíz que cortó hasta el rabo de su enemigo.

Grupo de aspirantes en el tentadero que se desarrolló en la finca ‘La Dehesilla’ clasificatorio para el certamen ‘Huelva es torera’, creado con el único objetivo de fomentar la Tauromaquia y apoyar a los que empiezan.

En Huelva se produjo el milagro
Pla Ventura
Toros de Lidia / 5 agosto, 2022
Confieso que, en mis largos años como aficionado jamás había visto un acontecimiento como el que se celebró en Huelva el pasado martes puesto que, el coso de La Merced se llenó a rebosar y, como más tarde dijeron los comentaristas de la televisión, Canal Sur en este caso, se puso el cartel de no hay billetes en el festejo aludido, algo que podría ser lo más normal del mundo –dentro de toda la anormalidad en que vivimos- si de una corrida postinera se tratara pero, que unos chavalitos conocidos en sus casas a la hora de comer lo lograran, no quepo de la dicha que siento al contarlo

Por dicha razón digo que en Huelva se produjo el milagro porque la corrida aludida era una novillada sin picadores con ocho toreros nuevos, chavales desconocidos que, a lo sumo congregaron a sus paisanos y amigos como tantas veces ha ocurrido en este tipo de festejos pero, que se llenara por completo esa gran plaza es algo que me dejó perplejo por completo, hasta el punto de que no logro entenderlo pese a la felicidad que me embriaga al comprobar un hecho tan relevante como insólito.

Ese no hay billetes onubense tiene muchas lecturas que, el taurinismo debería de tomar nota o, en el peor de los casos, hablar con José Luis Pereda como empresario –por cierto de él eran los “toros” que salieron extraordinarios-  para tomar nota de cómo se hace, qué argumentos utilizó para que ese milagro tuviera tintes de realidad. Confieso que sigo anonadado ante todo lo que vi porque, ciertamente, jamás había visto algo igual y hasta me atrevería a decir que aquello fue un caso tan insólito que dudo que nadie lo haya visto con anterioridad y que se repita ya es algo que poner en tela de juicio porque, lo sucedido en Huelva quizás quede para siempre en el libro Guinness de los Records.

Hasta los chavales miraban a los tendidos y se les veía llenos de felicidad; es más, tampoco lo entenderían pero, la sonrisa de la que eran portadores lo decía todo en sus rostros. Recordemos que, para desdicha de todos, la tauromaquia funciona a media luz, es decir, con medias entradas en todas las plazas cuando torean tres figuras del toreo juntos, es el caso de El Puerto de Santa María, Mallorca o cualquier plaza que queramos enumerar. Y si las figuras son incapaces de llenar una plaza de toros, ¿Cómo es posible que un grupo de chavalitos imberbes lo lograran?

Luego, como espectáculo, los novilleros dieron una noche memorable puesto que el festejo se celebró en horario nocturno y, todos, sin distinción mostraron arrojo, deseos, ilusión, ganas, candor, inexperiencia lógica, pero todo rociado de la más grande pasión por parte de todos que, hasta las lógicas volteretas se dieron lugar, algo muy normal en este tipo de festejos pero, ningún chaval se arredró, todo lo contrario; los que salieron revolcados se enfrentaban al toro con más ahínco que nunca. Pablo Polo, Antonio Romero, García Palacios, Enrique Toro, Mariscal Ruíz, Mauro Macandro, Antonio Santana y Carlos Tirado, resultando triunfador del festejo y ganador del certamen denominado Huelva es torera, Mariscal Ruíz que cortó hasta el rabo de su enemigo.

Convengamos que este tipo de festejos son ilusionantes, yo diría que, hasta apasionantes porque el candor, las ganas, la vehemencia que imprimen todos los novilleros a su labor son dignas de encomio y, como en el caso citado de la ciudad onubense, la dicha no pudo ser mayor. Triunfaron casi todos los chavales pero, el gran éxito, como digo, era el que estaba en los tendidos porque, lo sucedido, si nos lo cuentan no lo hubiera creído nadie.

Contar este tipo de sucesos es algo tan gratificante que, a cualquiera se le caen las lágrimas sobre la tinta con la que uno escribe porque, como sabemos, para nuestra desdicha, son tantas las injusticias e inmoralidades que tenemos que contar a diario sobre la fiesta de los toros que, contar una gesta como la descrita es algo sobrecogedor que nos llega hasta el alma, en nuestro caso, hasta lo más profundo se nuestro ser. Si hechos como el relatado se dieran a menudo en las fiesta de los toros, sobrábamos todos los críticos porque la fiesta caminaría sola y, lo que es mejor, los narradores solo tendríamos la satisfacción, como nos ha ocurrido ahora, de alabar algo tan bello como lo que hemos visto en Huelva.

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