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El Mundial de la vergüenza / por Juan Manuel Rodríguez

Por eso digo que lo sorprendente no es la declaración del director del comité organizador del Mundial sino la reacción. «¡Uy lo que ha dicho, que dos lesbianas no se pueden besar!» ¿Pero estáis tontos o qué? Que en Qatar han muerto siete mil personas construyendo esos estadios en los que van a jugar vuestras selecciones. Siete mil. Nadie le puede reprochar nada a Al-Khater puesto que él ha nacido ahí y en Qatar tienen la costumbre de ignorar a las mujeres y maltratar a los homosexuales, pero, ¿quién concedió ese Mundial? ¿Y cómo lo hizo? ¿Y quién lo va a jugar?
El Mundial de la vergüenza
Lo más sorprendente de las declaraciones del director del comité organizador del Mundial de fútbol de Qatar 2022, Nasser Al-Khater, es la reacción que, de repente, han provocado entre un amplísimo sector del periodismo deportivo y no deportivo de España. Es como si Joe Biden hubiera dicho por la mañana que Washintgon DC es la capital de Estados Unidos y periodistas de reconocido prestigio profesional se hubieran puesto a exclamar «¡oh!», «¡ah!», «¡Washington es la capital de Estados Unidos!», «¡increíble!», «¡mira lo que ha dicho Biden!»… Lo que dijo Al-Khater de Qatar es sólo la punta del iceberg. No dijo nada, por ejemplo, de los miles de muertos en la construcción de los estadios que van a albergar ese Mundial de la vergüenza.

Hace tiempo que asumimos que en Qatar no está permitida la homosexualidad (como si la orientación sexual pudiera prohibirse) y lo que nos preocupara el miércoles 1 de diciembre de 2021 es que las muestras de afecto en público de aficionados pertenecientes al colectivo LGTBI no fueran consentidas. O lo que es lo mismo, lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, podéis viajar a Qatar para ver un Brasil-Francia pero no podéis cogeros de la mano o daros un beso por la calle porque seréis encarcelados. ¿De qué guindo nos hemos caído los europeos?

Por eso digo que lo sorprendente no es la declaración del director del comité organizador del Mundial sino la reacción. «¡Uy lo que ha dicho, que dos lesbianas no se pueden besar!» ¿Pero estáis tontos o qué? Que en Qatar han muerto siete mil personas construyendo esos estadios en los que van a jugar vuestras selecciones. Siete mil. Nadie le puede reprochar nada a Al-Khater puesto que él ha nacido ahí y en Qatar tienen la costumbre de ignorar a las mujeres y maltratar a los homosexuales, pero, ¿quién concedió ese Mundial? ¿Y cómo lo hizo? ¿Y quién lo va a jugar? 

El problema no es Qatar, el problema es Europa, esa Europa inmoral que renuncia a sus principios por un puñado de petrodólares y que propone que no se feliciten las Navidades en aras de la inclusión religiosa y social.

El problema no es el comité organizador del Mundial de Qatar sino la FIFA. El problema somos nosotros, boquiabiertos un miércoles por lo que dice este caballero que va a pasar en Qatar y pendientes el jueves de la recuperación de Hazard o del posible fichaje de Ferrán Torres por el Barça. Fingimos preocupación para irnos tranquilos a la cama, simulamos pero, en el fondo, no creemos en lo que decimos, no tenemos un plan y no lo tenemos porque, a diferencia de ellos, hemos renunciado a nuestra cultura, a nuestra fe, a nuestras costumbres. Ya no somos la referencia de nada, somos una vergüenza. Ojo, yo el primero porque, cuando llegue, El Primer Palo hablará del Mundial. Ellos saben que estamos corruptos y se nos puede comprar para que miremos hacia otro lado. Y vienen y nos compran.

No quería mezclarlo pero lo voy a hacer. Ayer se puso en contacto conmigo vía washapp un joven y valiente periodista parlamentario llamado Josué Cárdenas. Josué trabaja en la competencia, lo hace en 7NN, y probablemente le conoceréis porque se las tiene tiesas cada dos por tres con el golpista Gabriel Rufián. Josué, como Javier Negre, pregunta con mucha educación, y el golpista responde siempre lo mismo: «No participamos de las burbujas mediáticas de la extrema derecha». Lo curioso es que luchan en absoluta soledad. Quiero decir que, salvo honrosísimas excepciones, ningún periodista parlamentario protesta o muestra su solidaridad o se plantea abandonar la sala de prensa del Congreso hasta que el parlamentario, que cobra de todos nosotros, no responda educadamente a las preguntas que previamente se le han realizado con educación. Lejos de ocurrir eso, acostumbrados como estamos a que en esta España los pájaros disparen a las escopetas, los jefes de prensa (o sea, los pelotas) de PSOE, Podemos, Esquerra, PNV, la CUP, el BNG, la ETA, Más País, Compromís y Nueva Canarias piden que se establezca un cordón sanitario alrededor de estos medios de comunicación.

¿Cabe mayor desvergüenza? Pues sí, cabe. Cabe por parte de la FAPE, que en su perfil de Twitter dice que es la primera organización profesional de periodistas de España, con 19.000 miembros. Bueno pues la primera organización profesional de periodistas de España, con 19.000 miembros, no ha abierto la boca ante este asalto a la libertad de expresión y el derecho a la información. ¿Qué ha dicho la Asociación de la Prensa de Madrid fundada ni más ni menos que en 1895? Lo de estos ha sido casi peor porque han emitido un comunicado reiterando el llamamiento a periodistas y políticos para que desarrollen sus relaciones en un clima de respeto mutuo.

Vamos a ver, APM, FAPE, Pupi y Pichirri, ¿vosotros de qué lado estáis exactamente? ¿Y cuándo han faltado al respeto al golpista estos periodistas? ¿Me están diciendo dos asociaciones profesionales de periodistas que preguntar es faltar al respeto? Saltimbanquis.

Antes os decía que se puso en contacto conmigo Josué Cárdenas pero no os dije para qué. Lo hizo para darme las gracias. Quería darme las gracias por un tuit. Así que estamos nosotros como para darle lecciones a Al-Khater. Pasaremos por ese aro. Miraremos hacia otro lado. Recogeremos del suelo las treinta monedas de plata y seguiremos pensando que somos referencia moral de algo cuando, en realidad, no somos nada ni merecemos nada. O, para ser exacto, merecemos lo que tenemos, que el jefe de prensa de la ETA firme un comunicado en contra de un periodista y las asociaciones de prensa dimitan de su responsabilidad. Qué nivel, Maribel. Con Al-Khater habría que hacer lo que hizo Alfredo con Totó en Cinema Paradiso y enviarle todas las muestras de amor clandestino que, pese a todo, se seguirán produciendo también en Qatar. Porque al campo no se le pueden poner puertas. Ni al desierto tampoco.

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