El alimento del alma / por Pla Ventura

«…Y por ahí nace el alimento del alma al que me refería con anterioridad que, como todo el mundo sabe o debe saber, no es otra cosa que lo que perdura en el tiempo. Respecto a Morante, hasta el más tonto del lugar recuerda su faena del pasado año en Madrid a un toro encastado; pues en Sevilla sucedió lo mismo…»
El alimento del alma
Pla Ventura
25 Mayo 2022
En ocasiones, si de toros hablamos, nuestro corazón puede alimentarse con cualquier cosa, algo que les sucede a los menos exigentes que, como se demuestra a diario se conforman con muy poco. Lo difícil es que un torero alimente nuestra alma. Esa si es una tarea complicada, aunque veces, como si de un milagro se tratare suele ocurrir, es el caso de lo que nos obsequió Morante en la penúltima corrida hispalense, como todos recordamos .
Claro que, para que ese prodigio que aludimos pueda suceder se necesita un toro bravo, algo que tantísimos informadores desconciertan a los aficionados cuando equiparan el suceso de Morante en Sevilla, pero no desdeñan lo más mínimo en todo lo que sucedió en dicha feria en la que, algunos, por su toreo anodino frente a todos moribundos incluso lograron la Puerta del Príncipe. Repito que, la diferencia es abismal. Torear bonito, componer la figura frente a los animalitos domesticados lo hacen muchos, el propio Tomás Rufo se erigió como gran triunfador del serial sevillano y…….
Desgraciadamente, el llamado toreo moderno camina por otros derroteros de lo que en verdad es el toreo, y si para colmo, lo que hace el mejor artista de la actualidad, Morante, frente a un toro encastadísimo que le hizo sudar la gota gorda, si a dicha labor le damos el mismo valor que a lo que realizó El Juli o Manzanares, la catástrofe la tenemos servida en bandeja de plata. La moda, como digo, es acompañar las embestidas del toro a sabiendas de que no se corre peligro alguno, lo realmente difícil es torear a sabiendas de que te estás jugando la vida. Vamos que, la diferencia es notable.
Lo lamentable del toreo, además de las culpas que tiene que apechugar los espadas famosos, tenemos que añadirle la legión de plumíferos que tienen que les cantan sus “gestas”. Menos mal que, llega un momento, como sucedió en la capital de La Giralda, llega Morante y les hace rectificar a todos a marchas forzadas; es decir, ahí escupe hasta Dios. O sea, se la tienen que envainar ante todo lo que anteriormente han ponderado como si se tratara de faenas de época.
Y por ahí nace el alimento del alma al que me refería con anterioridad que, como todo el mundo sabe o debe saber, no es otra cosa que lo que perdura en el tiempo. Respecto a Morante, hasta el más tonto del lugar recuerda su faena del pasado año en Madrid a un toro encastado; pues en Sevilla sucedió lo mismo. Años tardaremos en olvidar, yo diría que nunca, aquel tratado de toreo auténtico y cabal de un artista irrepetible que, llegado el caso no se amilanó, todo lo contrario, ante un toro que a priori no tenía garantía alguna para lograr el éxito, el animal sacó su raza y su bravura para poner a prueba a un torero que saldó su actuación con una faena memorable.
Sin duda alguna que de eso nos alimentamos, con esas poquitas faenas que suceden a lo largo de la temporada pero que, por su contenido y la expresión de un toro bravo vive permanentemente en nuestro corazón, no sin antes haber saciado nuestra alma. El éxito se puede lograr de mil maneras, es el caso de El Juli que, el hombre ha logrado fortuna, reconocimiento y el aplauso general pero, al margen de lo que digan las estadísticas sobre él, ¿recuerda alguien una faena concreta de El Juli como pueda ser la de Morante antes citada? Y cuidado que las ha hecho a cientos. Menos mal que, en una de las primeras corridas de la feria de Madrid, frente a un toro de La Quinta, El Juli nos puso a todos de acuerdo puesto que, además de jugarse la vida demostró su tremenda capacidad lidiadora. Esa misma pregunta la hice hace ya muchos años sobre Espartaco y nadie pudo responderla.
Son muchos los toreros que han triunfado a lo largo de la historia, algunos hasta se hicieron ricos, cosa muy natural y lógica pero, lo que se dice faenas para el recuerdo ha habido muy pocas a lo largo de la tauromaquia. Y salvo Morante, todos los diestros a los que recordamos con alguna que otra faena memorable, nadie se hizo rico en el toreo. Y es “lógico” que así sea porque el arte siempre estuvo reñido con las estadísticas, con la numerología e incluso con el dinero. A las pruebas me remito. Al respecto de lo que digo, dos toreros inolvidables, de los que han dejado huella eterna, Antonio Bienvenida y Antonio Chenel Antoñete, ambos murieron con lo puesto.
Tampoco queremos pedir un imposible porque, como aficionados nos conformamos con poco; o quizás sea el todo. Digamos que, a falta de otros valores artísticos como el mencionado, cosa nada habitual entre la torería andante, ya quisiéramos siempre, tarde a tarde, saborear aquello tan hermoso como es ver cómo un hombre se juega la vida, algo que tiene que venir precedido por el toro porque de lo contrario nos encontraremos con el espiral de siempre. Manolo Escribano, con su gesta heroica frente a los seis Miura en Sevilla nos dio la medida de lo que puede ser la grandeza de un torero sin que un toro le embista con la claridad suficiente como para hacer la obra bella que todos soñamos. Claro que, el toreo, como siempre dijimos, es un misterio que muchísimas veces nadie podemos resolver, ni los propios toreros que, siempre quedan a merced de lo que el toro decida.
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