Cuando la Fiesta era de izquierdas / por Luis Pla

Al margen del respeto que todos sentían por la Fiesta hace cuarenta años, la llamada izquierda estaba repleta de gentes muy cultas, intelectuales al más alto nivel que, a unos les gustaban los toros y a otros todo lo contrario pero, sabían convivir porque a todos les unía esa causa común que se llama respeto.

Cuando la Fiesta era de izquierdas
Luis Pla
España / 24 mayo 2022
El titular del ensayo, como tal, puede enloquecer a cualquiera; derechas o izquierdas, nada importa. Pero se trata de una verdad que aplasta, algo que nos recordó hace unos días el maestro Luis Francisco Esplá cuando confesó que, en sus comienzos, por todo lo que vivía y sentía, estaba convencido de que la Fiesta de los toros era patrimonio de la izquierda o, en su defecto, era ésta la que los defendía con ardor y pasión, cosa muy natural y lógica porque de toda la vida de Dios, izquierdas y derechas, sin prejuicio para nadie, todos defendían esta fiesta admirable que, a la postre recalaba en el pueblo llano.

Al margen del respeto que todos sentían por la Fiesta hace cuarenta años, la llamada izquierda estaba repleta de gentes muy cultas, intelectuales al más alto nivel que, a unos les gustaban los toros y a otros todo lo contrario pero, sabían convivir porque a todos les unía esa causa común que se llama respeto. Claro que, el caso no es nuevo, en el pasado siglo, el entendimiento entre unos y otros era lo que les unía para saber discernir entre los que eran aficionados y lo que preferían otra clase de distracción, pero siempre sin menoscabo de dañarse unos a otros.

Es verdad que los toros, hace cuatro décadas, por nombrar una época que hemos vivido, ante todo había pasión por la Fiesta, la que les unía a todos; pero, insisto, sigo creyendo que aquellas creencias revestidas de respeto venían dadas por la categoría cultural de los que eran nuestros mandatarios y, de igual modo, los hombres cultos de la época que, cada cual en su faceta, defendían esta liturgia inexplicable pero que, reitero, levantaba pasiones por todos los lugares del mundo.

Digamos que, en cualquier bando, los aficionados sabían que los toros eran patrimonio del pueblo, unos y otros, de ahí que nadie cuestionara esta celebración en la que, un hombre, por pura convicción, es capaz de jugarse la vida, algo que era entendido por Tirios y Troyanos. Es más, la izquierda de aquellos años era modélica en cuando a sus personales relevantes que, todos, sin distinción, les unía el cordón umbilical de la cultura, hecho que permitía que la Fiesta caminara por sus cauces normales sin el detrimento de nadie, más bien, todo lo contrario, la admiración que la misma producía entre personas que podían pensar distinto a los demás pero que, cosas del destino, los toros eran su nexo de unión.

Pero amigo, pasaron los años, llegó la modernidad de lo que algunos estúpidos entienden como democracia y, dentro de la misma empezaron por ejercer la dictadura camuflada en la que, lo que a ellos no les gusta no debe de existir, llámese los toros, la Monarquía, el circo, la caza y tres mil asuntos más que, desde siempre han tenido el respeto y respaldo de todos y, en la actualidad, para nuestra clase política somos unos apestados los que nos gustan los toros. Recordemos que, el mismo Felipe González, hasta que le destruyó la corrupción, siempre respetó la fiesta de los toros y, a su vera, personajes de enorme relevancia que, además de ser aficionados, ejercían como tales, caso de José Luis Corcuera, Tierno Galván, Joaquín Leguina…..por nombrar algunos de los políticos de aquellos años en que, pese a ser de izquierdas, algo que nadie cuestionaba, respetaban nuestra ancestral fiesta taurina.

Pero amigo, no sabíamos que un día de la vida llegaría al poder un tipo indeseable llamado Zapatero y, a partir de aquel momento cambió el curso de nuestra fiesta porque dicho reptil político se encargó de ello. Fueron ocho años de secuestro en todos los órdenes, justamente los que nos “gobernó”. Marchándose dejando un reguero de “cadáveres” en el camino que todavía no hemos podido “enterrar”. Claro que, como todo en la vida puede empeorar, un tal Sánchez lo ha logrado por completo. Quizás él solo no se hubiera atrevido pero como tuvo que pactar con toda la basura humana que tenía a su lado y, entre todos le han echado leña al fuego de la destrucción de la fiesta y lo han intentado por todos los medios. Y, cuidado, la cuestión no atañe solo a España, México, Venezuela y Colombia, y Perú están pasando por el mismo horror que nosotros sufrimos.

¡Viva la democracia! Lo digo con exclamación porque, hay que ser muy mal nacidos para apoyándose en la democracia ejercer de dictadores como lo hacen en todas las partes del mundo, en este caso, en todos los países que nos une la fiesta de los toros. O sea que, una fiesta que siempre estuvo apoyada por la izquierda, ahora resulta que, en dicha formación han entrado auténticos reptiles que nada tienen que ver con la grandeza del otrora gran partido obrero español –lo de obrero tiene mucha gracia cuando son todos unos gandules los que ejercen en política- que respetaba la fiesta taurina. Vivir para ver y, lo peor de todo está por venir.

–En la imagen vemos a Joaquín Leguina con Chencho Arias e Isabel Díaz Ayuso, un político de izquierdas y defensor de la tauromaquia que, viendo como estaba “el patio” del socialismo, en las últimas elecciones celebradas en Madrid, Leguina confesó haber votado a Isabel Díaz Ayuso.

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