Con el don de la humildad / por Paco Cañamero

De Mari Carmen queda un99 vida ejemplar y cargada de señorío hasta para anunciar su adiós cuando le diagnosticaron una irreversible enfermedad y llamó uno a uno a todos sus amigos y a los de Santiago para informar de la triste nueva.
Paco Cañamero 
Glorieta Digital / 1 Julio 2022
Mari Carmen era todo dulzura, alegría, positividad. Una mujer de bandera y el mejor complemento para ese señor y caballero llamado Santiago Martín Sánchez, El Viti en los carteles de postín durante la veintena que fue máxima figura del toreo. Mari Carmen era el binomio perfecto de Santiago, quien siempre te recibía con su sonrisa bondadosa y haciendo gala de un inmenso corazón. Con una amabilidad y un sentido de la amistad que la hacía única, regalando generosidad y atención a todo el mundo, sin dejar a nadie.
Ahora, Mari Carmen García Cobaleda, se ha ido. Ha emprendido el viaje de la eternidad cuando por tierras de su querido pueblo de Castraz, en el que vio la luz y aprendió a amar el campo, los campos están achicharrados con estos calores primerizos y ya ha comenzado la cosecha del cereal en medio de un año agrario para olvidar. Justo cuando los primeros cigüeños de las riberas del Yeltes se alzan al cielo en sus primeros vuelos, ha dicho adiós una gran señora. Una mujer que en todos los caminos de su vida supo fusionar bondad y serenidad, con la entrega a los suyos que eran todo para ella, porque se le iluminaban los ojos al hablar de sus nietos; o de sus hijos, Guadalupe, Marisa y Francisco, que hoy no tienen consuelo, huérfanos ya de una madre ejemplar. O el gran Santiago, sin consuelo ante la marcha del gran amor de su vida, de su consejera, de quien fue su bastón cuando necesitó apoyarse, de quien siempre hablaba con tanta humildad.

Se le ha ido Mari Carmen, a la que comenzó a galantear Santiago en un Carnaval de Ciudad Rodrigo para sembrar la semilla ente el matrimonio más ejemplar que ha conocido el mundo del toro. Y toda Salamanca, donde fueron tan felices paseando por sus calles, desde la ciudad al más alejado pueblo, entre el cariño y la admiración de sus paisanos, porque más allá de la grandeza de Santiago como torero de leyenda –sin dejarse chapotear jamás por la riada de los éxitos-, ambos se ganaron a todos por sus virtudes y señorío. Y es detrás de un gran hombre hay una gran mujer y viceversa.
Contrajeron matrimonio el veintiocho de noviembre de 1968 en una ceremonia celebrada en la iglesia de San Esteban con posterior banquete en el hotel Regio, que desplazó a Salamanca a todo el mundo del toro, mientras la ciudad se echaba a la calle para vitorearlos, al torero triunfante en el día más feliz de su vida, al casarse con Mari Carmen, quien desde entonces hasta hoy han sido inseparables.
De Mari Carmen queda una vida ejemplar y cargada de señorío hasta para anunciar su adiós cuando le diagnosticaron una irreversible enfermedad y llamó uno a uno a todos sus amigos y a los de Santiago para informar de la triste nueva. Ya apenas podía hablar, pero siempre con su inmensa fortaleza y con la serenidad que presidió su vida, junto a la fe cristiana, dio a conocer su sino. Aún recuerdo la llamada que me hizo en vísperas de Navidad, algo que me impactó, cuando ya debía hacer un enorme esfuerzo para hablar y más aun la emoción con la manera de afrontarlo, sabedor que era un despedida de una gran mujer que hizo gala de la bondad.
Ahora Mari Carmen ha ido directa al cielo, porque no hay otro sitio para ella, mientras aquí la lloran todos lo suyos. Desde los amigos de la infancia en el colegio de Salamanca, sus familiares y gente afín, porque a nadie dejó indiferente. Ni desde que era una niña y de manos de sus padres, aquel histórico ganadero llamado Bernardino García Fonseca y su esposa, Eusebia Cobaleda Galache, le enseñaron a amar el campo y el toro bravo en ese Castraz de Yeltes donde clava sus raíces y en la que fue su casa.
Siempre le recodaremos por su eterna sonrisa, su dulzura, el trato familiar que siempre supo dispensar y la humildad que marcó los pasos de su vida para ser el mejor complemento que tuvo Santiago Martín Sánchez.
A Santiago, al querido Santiago, nuestro más sincero abrazo, al igual que a Guadalupe, Marisa y Francisco, junto a sus nietos. Porque Mari Carmen García Cobaleda los deja huérfanos de su infinita grandeza humana. DEP

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