COHETES EN EL CIELO PARA MIGUEL BAEZ «LITRI» / por José Maria Portillo Fabra

 Cuando el Litri de sus comienzos cortaba orejas,  en la Peña de los Litri en Huelva se disparaban tantos cohetes como trofeos hubiera conseguido ese día en cualquier plaza de España. Podían ser cinco y  hasta seis los fogonazos seguidos. Ahora serán muchos más los que se disparen en en Cielo dando la bienvenida a Miguel Báez Espuny, el más grande de los «Litri».

COHETES EN EL CIELO PARA MIGUEL BAEZ «LITRI»
José Maria Portillo Fabra
Presidente de la Tertulia 
Córdoba / Mayo 2022
La Tertulia Taurina «El Castoreño» del Real Círculo de la Amistad de Córdoba recuerda en su fallecimiento a la gran figura del toreo que fue Miguel Báez Espuny «Litri», perteneciente a la dinastía que fundara en Huelva en el Siglo XIX Miguel Báez «El Mequi» y prosiguieran su hijo Miguel Báez Quintero «Litri», y ya en el siglo XX, sus hijos Manuel Báez Gómez «Litri» – muerto por un toro en la plaza de Málaga -, su hermano Miguel Báez Espuny «Litri» y el hijo de este, Miguel Báez Espinola, «Litri».

Se dio la circunstancia de al morir Manuel Baez por asta de toro, tanto su padre, el primer Litri, como la novia del fallecido, no hallaban otro consuelo que el de  recordar juntos el cariño que ambos sentían por el desaparecido  Manuel, de forma que ese afecto y ayuda mutuos se convirtieron en un amor que condujo al matrimonio entre el antiguo torero y la joven que había sido novia de su hijo. De su unión nació Miguel Báez Espuny, el «Litri» que ha fallecido hace unos días  a los 91 años. 

Todos los «Litri» de esta legendaria dinastía fueron figuras del toreo, pero quién verdaderamente la vertebró fue este Miguel Báez Espuny recientemente desaparecido, torero en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado.

El Litri, como se le llamaba, causó sensación desde novillero formando pareja con Julio Aparicio, hasta el punto de que en aquella época se celebraban más novilladas que corridas de toros en muchas ferias y aún en el conjunto de la temporada. La pareja se separó tras la alternativa de ambos, aunque tanto Aparicio como Litri continuaron siendo figuras del toreo.

El apodo «Litri» fue el nombre torero  más famoso del postmanoletisno. Y es que el Litri se jugaba la vida tarde tras tarde, sobre todo ejecutando «el litrazo», suerte consistente en citar con la muleta de tercio a tercio para iniciar las series de naturales o de derechazos. Era emocionante ver al Litri citar de frente y con la muleta oculta detrás de su figura endeblita, desafiando al toro desde veinticinco o treinta metros, el cual amagaba arrancarse  sin terminar de hacerlo, lo que incrementaba la tensión. Y cuando finalmente el Litri conseguía que se arrancara, la emoción aumentaba durante la embestida al galope, porque el Litri no sacaba la muleta de detrás del cuerpo  hasta que no tenía al toro casi encima. Rematada la serie, el Litri volvía a alejarse para volver a citar de lejos  repitiendo el «litrazo» varias veces. Después venían los pases mirando al tendido, los por alto en cadena y finalmente, el desplante de rodillas de espaldas al toro, arrojando a la arena espada y muleta. Todo ello lo hacía el Litri sin mucho temple ni mando, pero con enorme personalidad y profesionalidad, es decir, sabiendo lo que hacía y lo que se jugaba. El Litri inventó el «tremendismo», pero llevaba dentro tanta torería, que  fue un matador  ‘tremendista’ que emocionaba también a los partidarios del toreo clásico.

Cuando se instaló una plaza portátil en el Palacio de El Pardo para que el Jefe del Estado Francisco Franco y su esposa vieran actuar a un novillero principiante, pero ya figura del toreo, llamado «El  Cordobés», el cartel lo abría el veterano Miguel Báez «Litri», precedidos por los rejoneadores Álvaro Domecq hijo y Fermín Bohórquez. Ello abrió paso a la reaparición del Litri en los años sesenta, llegando a sustituir  en un San Isidro a El Cordobés, que era baja en los carteles por culpa de una cornada. En esa época, el toreo del Litri se había reposado. Ya no practicaba los cites lejanos, pero su estilo seguía siendo personalísimo. Vuelto al retiro, reapareció por un día en un festival en Sevilla en los el actuando con toreros como Diego Puerta, Paco Camino o El Viti. Ese día resurgió el «litrazo» en toda su dimensión. En uno de los cites lejanos, al sacar la muleta de detrás del cuerpo, el toro se paró en seco en mitad de su embestida. Hubo un murmullo en la plaza. El Litri volvió a colocarse la muleta detrás, e insistió en citar, consumando la suerte de forma espectacular.  Una maravilla y una despedida.

Poseedor de la Medalla de las Bellas Artes, recibida junto a su amigo Pepe Luis Vázquez, fue el Litri persona de gran sentido del humor y  simpatía con todos, siendo en la cocina otro fenómeno. Litri visitó en varias ocasiones nuestra Tertulia. En una ocasión, vino a Córdoba al Museo Taurino, que dirigía Mercedes Valverde, para participar en unas conferencias junto a los maestros Pepe Luis Vázquez, José María Montilla y El Viti. El Litri derrochó simpatía con todos nosotros. 

Cuando el Litri de sus comienzos cortaba orejas,  en la Peña de los Litri en Huelva se disparaban tantos cohetes como trofeos hubiera conseguido ese día en cualquier plaza de España. Podían ser cinco y  hasta seis los fogonazos seguidos. Ahora serán muchos más los que se disparen en en Cielo dando la bienvenida a Miguel Báez Espuny, el más grande de los «Litri».

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