Asco y vergüenza / por Eduardo García Serrano

 Una Monarquía sin fe y sin pulso, un Rey de atrezo al que la Historia de España le queda demasiado grande, un Gobierno de canallas, unas Cortes de felones, unos diputados de mercadillo kultureta, un Estado sin soberanía, sin Nación y sin Patria, un pueblo sin misión y sin destino para el que España es, en el mejor de los casos, un equipo de fútbol y una horterada musical de Manolo Escobar.
Asco y vergüenza
Eduardo García Serrano
El Correo de España / 3 Mayo 2022
Asco y vergüenza. Es lo único que siento por estepaís y por el rebaño que en él vegeta. Una clase dirigente digna del pueblo que la elige. Un pueblo manso, dócil, estúpido en su falsa opulencia, oligofrénico en su cómoda ignorancia, indecente en su conducta colectiva. Un pueblo que en su priapismo democrático avala y legitima con sus votos a una casta rapaz que refocila en la incuria y que sólo es diligente para el latrocinio y el saqueo y eficaz para el cambalache de la traición. Un pueblo que lo aguanta todo es un pueblo que no cree en nada, ni siquiera en sí mismo.
Una Monarquía sin fe y sin pulso, un Rey de atrezo al que la Historia de España le queda demasiado grande, un Gobierno de canallas, unas Cortes de felones, unos diputados de mercadillo kultureta, un Estado sin soberanía, sin Nación y sin Patria, un pueblo sin misión y sin destino para el que España es, en el mejor de los casos, un equipo de fútbol y una horterada musical de Manolo Escobar. He ahí la más alta exaltación de la Nación que escribió sobre los mapas del mundo la Historia más grande de la Humanidad, desde las murallas de Troya hasta nuestros días: un rugido, obsceno y vulgar, que baja desde la grada como una catarata de zafiedad cuando once tuercebotas se ponen una camiseta roja para jugar al fútbol después de escuchar el Himno Nacional rascándose las ingles.
A un pueblo así, que vivaquea bajo el palio de los cielos de España, no le importa nada, porque nada sabe, estar gobernado por una coalición de los socialistas, que se gastaban el dinero de los parados en putas y cocaína (¿cabe mayor vileza?), con los asesinos de ETA, con los asesinos de media Humanidad, los comunistas, y con los asesinos de España en Cataluña, los hispanicidas de ERC. A un pueblo así le importa una higa que Feijóo, el líder nominal de la oposición, confiese sin pudor haber votado al PSOE, decir que se siente muy orgulloso de haberlo hecho y manifestar muy ufano que volvería a hacerlo.
Un pueblo así no es víctima, es cómplice. Un pueblo así sólo da asco y vergüenza. Y más cuando se evoca la gesta del 2 de Mayo de 1808. Hace doscientos catorce años Napoleón Bonaparte cometió el mayor error de apreciación de toda su brillante carrera, creyó que el pueblo español estaba tan envilecido como su clase dirigente. Hoy no se habría equivocado.

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