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Artistas vapuleados por sus mentores delincuentes / por Pla Ventura

 Luis del Olmo, uno de los artistas que cayó en las garras de un delincuente que, para mayor desdicha, era su empleado con plenos poderes para administrar sus bienes.
 Artistas vapuleados por sus mentores delincuentes
Pla Ventura
Toros de Lidia / 2 diciembre, 2021
Anoche pudimos ver por televisión un reportaje que nos hablaba de unos chicos muy famosos, allá por la década los ochenta en que, como grupo, Parchís, generaron cientos de millones de pesetas de la época y, cuando la casa discográfica Belter les abandonó, todos estaban en la miseria. Es el sino de los artistas que, la gran mayoría, todos han sufrido traumas al respecto quedando, la mayoría en la más absoluta indigencia.

Lo que me pregunto es siempre lo mismo: ¿Cómo es posible que detrás de cada artista haya un delincuente? No se comprende. Es cierto que, los chicos antes citados de Parchís, como eran apenas unos niños era muy fácil engañarles pero que artistas adultos caigan en ese error, me parece abominable. Ese fue el caso de Joselito El Pequeño Ruiseñor que, en aquellos años sesenta y setenta generó cientos de millones y, tantísimos años después, Joselito vive de una mísera pensión. O el mismo Pablito Calvo que, nada más crecer lo dejaron tirado sin un duro quedando en la más absoluta desolación, económica y anímica.

Insisto que, no comprenderé jamás lo sencillo que resulta engañar a un artista. Recuerdo en un viaje en tren que me llevó hasta Madrid, en el mismo vagón viajaba Luis Eduardo Aute con el que compartimos una deliciosa charla en la que no faltó el tema delictivo por parte de los que le dirigieron, caso de su gira por México que, tras cuarenta actuaciones en el país azteca, para poder volver su familia tuvo en enviarle un pasaje de avión porque el citado Aute no podía comprar ni tabaco. Tantos años después, todavía no se ha encontrado a los delincuentes que le engañaron.

No hace muchos años, el maestro Facundo Cabral había actuado en Guadalajara, Jalisco, en una actuación que le habían pagado veinte mil dólares y, al marcharse del hotel denunció que no estaba el dinero en la habitación en la caja fuerte donde él lo había guardado. Facundo Cabral, indignado, movió Roma con Santiago y, a las pocas horas se comprobó que era su manager el que le había trincado el dinero. Casos como el citado los podría citar a miles pero, barrunto que con lo contado ya hemos comprobado las miserias del artista y los delincuentes que les rodean.

Claro que, si de delitos bárbaros hablamos, que el gran Luis del Olmo, el mejor locutor que ha dado España en muchísimos años, todo un artista de la palabra, cuando se retiró comprobó que su administrador le había dejado en la miseria más absoluta, con la de millones que Luis había generado en la radio; dinero que ganó en buena lid gracias a su talento y, de la noche a la mañana se quedó con lo puesto. Lo que no entiendo todavía es cómo Luis del Olmo no asesinó al delincuente que le robó.

Lo que sigue siendo incomprensible es que dos palabras tan antagónicas como artista y delincuente, en la vida real sean sinónima la una de la otra. Inaudito, pero más cierto que el sol que nos ilumina. O sea que, el artista, de cara al público que le aclama es pura sonrisa pero, para sus adentros, en su vida íntima, no deja de ser una persona totalmente desdichada.

Los toreros, adscritos en el rango de los artistas no escapan de dicha maldad pero fijémonos si son listos los que delinquen que, todos, en su ingente mayoría, practican el delito de guante blanco sabedores de que los artistas nadie les delatará. Todo aquel que tenga la etiqueta de artista o viva del público, nadie tiene valor para contar sus desdichas -o irse al juzgado de guardia más próximo- que, de saberlas, más de uno tomaría lección y enmendaría errores pero, no es el caso. Como queda explicado, las miserias descritas no son patrimonio exclusivo de los toreros que, en honor a la verdad, las sufren más que nadie. De idéntica similitud en lo que al delito se refiere, conozco artistas de teatro que actúan por cincuenta euros la función, actores de cine que no han cobrado sus derechos por la película en la que han participado; en definitiva, un caos en toda regla cuando hablamos del mundo del espectáculo y los artistas.

Claro que, lo que mana sangre a borbotones es el caso de los toreros a la hora de la liquidación por parte de sus mentores. Ahí hay “navajazos” en los despachos, rupturas llenas de odio y rencor que se han granjeado los apoderados quedándose con el dinero del torero que se ha jugado la vida. ¿Por qué se rompen las relaciones entre empresarios grandes y los toreros a lo que representan? Está clarísimo. Si toreas cuarenta corrida de toros y al final del año el apoderado te dice que les debes tú a él, la cosa es muy grave, de difícil solución y sin la menor continuidad entre ambas partes que, todos esos casos deberían de ir a parar a los juzgados pero, les puede más la cobardía que el valor que se necesita para reclamar lo que les corresponde por aquello de haberse jugado la vida que, dicho sea de paso se necesita mucho valor. ¿Lo entiende alguien?

En la imagen, Luis del Olmo, uno de los artistas que cayó en las garras de un delincuente que, para mayor desdicha, era su empleado con plenos poderes para administrar sus bienes.

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