A ANTONIO MILLÁN DÍAZ “CARNICERITO DE ÚBEDA” EN EL 45º ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO / por José Cisneros

En estos días de noviembre se conmemora la tragedia sucedida aquella tarde de otoño cuando el diestro de Úbeda regresaba de la vecina y torera Navas de San Juan. Ese fatídico día quiso Dios llevarse a quien constituía un mito singular entre los diestros de la provincia de Jaén.

A ANTONIO MILLÁN DÍAZ “CARNICERITO DE ÚBEDA” Y «PRIMER CONDESTABLE DEL TOREO DE LA CIUDAD»

EN EL 45º ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO

«No es pueblo porque es ciudad, ha nacido un gran torero, se llama Antonio Millán y es hijo de un carnicero. Quien le dio la alternativa fue un gran torero de España, se llama Antonio Ordóñez hijo del Niño de la Palma. Granada mora y torera donde mató los miuras, donde miró su figura Carnicerito esperó y demostró ser una gran figura».

Con este precioso fandango de Mercedes, hermana del conocido cantautor ubetense Paco Ortega, quiero recordar a uno de los toreros más grandes que tuvo España en la década de los setenta.

Hoy el cielo cárdeno de otoño llora recordando a un grandioso torero. Antonio Millán Díaz, torero al que cantaron al toque de guitarra, fandangos y soleares a la lentitud con la que mecía su capote. Torero que estableció un toreo personalísimo frente a los toros, marcando una acentuada belleza en este difícil arte, logrando poner muchas tardes a la plaza en pie ante una multitud que aplaudía su saber estar frente al toro, entre otras cosas porque sabía apreciar lo que estaba sucediendo ante su atenta mirada.

Su estilo fue Rondeño, de las viejas escuelas, pero sabiendo dar al toreo su propio criterio, unas añejas alegrías. Formal, galante, educado, íntegro, honesto y sobre todo valiente, así fue Antonio Millán, dando todas y cada una de las tardes que vestía el traje de luces un señorío especial, el que merece.

Hablar de “Carnicerito de Úbeda” en la ciudad que le vio nacer, es convertir el aire renacentista de sus calles y monumentos en aroma de torería; por ello, en las Bellas Artes -disciplina de la cual puedo decir algo y donde el toreo como no puede ser de otra manera, ocupa un lugar privilegiado- lo rectilíneo no dice nada, no es apreciado o lo es menos. Lo realmente apreciado y difícil de ejecutar es la conjugación en las curvas, por eso en el toreo, el muletazo debe terminar tras la cadera del torero, jugando con las curvas, la continuidad de una con otra sin romper su supremacía hasta finalizar el recorrido natural, ese el verdadero valor del arte, ese es el buen toreo, así es el toreo que entiende el buen aficionado, toreo donde las femorales están en juego sin trampa, así es el toreo que hace vibrar al buen aficionado, como vibramos los que sabemos interpretar las instantáneas de Antonio Millán en una tarde de toros. ¡Qué toreo el de Antonio Millán!

Pero al final, cuando llega la llamada hora de la verdad, hay que cumplir con el rito de la muerte, dentro o fuera de un ruedo, el peligro acecha en cualquier parte. Antonio Millán cumplió con ese rito siendo un hombre ya curtido a pesar de su corta edad. Veintinueve años y ya conocedor del triunfo, cuatro tardes la misma temporada por la Puerta Grande de Madrid avalan su grandeza como hombre y como torero.

Úbeda llora hoy su muerte, Úbeda, torera desde que se entra a ella por cualquiera de sus Puertas. Antonio Millán “Carnicerito de Úbeda” lo hizo posible, un torero, el torero más grande que ha dado la ciudad y que en su corta trayectoria tan grandes recuerdos dejó para todo buen aficionado y perpetuidad de la torería en Úbeda encarnada en la actualidad por su sobrino Juan Antonio.

En estos días de noviembre se conmemora la tragedia sucedida aquella tarde de otoño cuando el diestro de Úbeda regresaba de la vecina y torera Navas de San Juan. Ese fatídico día quiso Dios llevarse a quien constituía un mito singular entre los diestros de la provincia de Jaén. Un torero caído en una tarde emocional, torero único para muchos aficionados que aún en la actualidad guardan en la memoria cuando apenas acaba de finalizar la temporada taurina precisamente en esta provincia tan torera y ganadera.

Antonio Millán “Carnicerito de Úbeda”, a quien se recuerda hoy en cada uno de los hogares de los que componemos su Peña Taurina. “Carnicerito de Úbeda” dejó su vida y su arte vertido en la ingrata carretera entre esos cuernos inmisericordes de asfalto, tan terribles, negros y traidores.

Se llevó Dios a Antonio Millán, pero gracias a grandes fotógrafos de la época como Felipe y Baras nos quedan unos recuerdos imborrables; esto supone el impagable escaparate donde todos hemos visto lo mejor de su toreo, esos lances templados de capa, esos derechazos profundos y esos naturales de frente tan de Antonio Millán; lo grande, el silencio y la nada del diestro ubetense más aclamado de su época; y para que de ello quedara constancia, se eleva ese monumento como en los hombros del viento ese momento ensalzado del pase natural del que hoy se acordarán todos los aficionados taurinos de Úbeda.

Úbeda ha sido, es y será por los siglos de los siglos, ese lazo de unión eterno en la memoria de un gran torero; Antonio Millán Díaz “Carnicerito de Úbeda”.

Tu Peña Taurina, tu pueblo y el mundo del toro te recuerdan. Descanse en Paz un torero grande.

Publicado por José Cisneros 

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